Ayer publiqué en blanco

Como ayer visteis los que os pasasteis por aquí, ayer publiqué en blanco. No sé si alguno pulsó en el enlace y pudo leer de qué se trataba la iniciativa. Así que por eso publico esto, por si alguien no entendió nada.

Ayer se cumplían tres décadas del descubrimiento del Sida y muchos blogs quisimos aportar nuestro granito de arena en la difusión de una enfermedad que parece empezar a estar olvidada (casi no sale en medios, ni reportajes…) cuando sigue matando a millones de personas y tampoco tenemos una cura. Por eso es importante seguir recordando que existe, que hay que seguir trabajando en los laboratorios y también en educación sexual. Porque el condón (además de para muchas otras cosas necesarias) también es necesario para salvar vidas.

Como dice la web de Blog Solidario, la cooperación española contribuye al desarrollo de la vacuna del Sida con su apoyo a la Iniciativa Internacional por una Vacuna del Sida (IAVI, en sus siglas en inglés) desde 2007. Esta apuesta se ha mantenido hasta la fecha, pero en el 2010 sufrió un recorte del 76%, una tendencia que nos preocupa y por ello pedimos que se revierta cuanto antes.

Por ello, desde Blog Solidario damos apoyo a la investigación en vacunas del Sida y pedimos que los esfuerzos internacionales continúen hasta que el mundo pueda contar con una vacuna que nos ayude a acabar con esta pandemia. A su vez, pedimos que el Gobierno español mantenga su apoyo internacional a la I+D en vacuna del Sida dentro de sus políticas de cooperación. Sólo así podremos, algún día, hablar del Sida en pasado.

 

Pd: sí, escribiré sobre la campaña electoral, pero cuando pase.

Pd: sí, escribiré sobre el 15M y DemocracialRealya. Pero como pronto tras las elecciones. Quiero ver el día después.

Así no

Homosexuales a los que se les prohíbe conducir. Políticos que no respetan ni lo que pactan, ni el dolor de los muertos. Países europeos que cierran sus fronteras. Rebajas salariales. Bonus empresariales. Gente que respeta las decisiones judiciales solo si le gustan, o si les interesa. Aeropuertos para personas. Deportistas que pierden la vida por el bien del espectáculo. Corruptos que se agarran a su silla. Campañas electorales en las que no se habla de los problemas de la gente. Pruebas que se destruyen, culpables que salen de la cárcel.

Y mientras, se acerca otro fin de semana. Y vuelve a llover.

Tú lo sabes

Está dentro de ti. Quizá no siempre lo has sabido, pero la realidad es que hace mucho que sí. Sabes que de pequeño, en el colegio, no eras quien destacaba. Ni siquiera en el instituto, donde ya uno podía ver muchas almas perdidas.  Tampoco de mayor has dado el salto que muchos esperaban. En el fondo, todo eso lo sabes, aunque nunca lo digas.

Está dentro de ti, y tú lo sabes. Quizá te quieras engañar y te tapes los oídos y te vendes los ojos. Pero aún así lo oyes y lo ves, porque lo que está dentro siempre es visible. Para ti, y prácticamente siempre para el que de verdad está a tu lado. Y cuando uno ha visto empieza a saber. Y tal vez a creer.

Esta dentro de ti, así que no disimules que no lo sabes. Actúa, muévete o renuncia, si no lo deseas de verdad. Pero no busques culpables donde no existen.

No hay peor cosa que engañarse a uno mismo. Nadie mejor que tu sabe cómo eres y de qué eres capaz.

¿Cómo luchar contra el terrorismo?

La muerte El Asesinato La operación militar que acabó con la vida de Bin Laden reabre de nuevo el debate sobre cómo debemos luchar contra el terrorismo. Durante este fin de semana hemos visto reacciones de todo tipo: desde las fiestas que veíamos en Nueva York, hasta la comparación por parte de algunos con la pena de muerte, pasando por aquellos sinvergüenzas desalmados que aprovechan para abrir la puerta a sus fantasmas del 11M.

Foto de sacbee.com

¿Existe un punto intermedio? No entiendo que nadie se alegre (alegrarse tanto como para hacer una fiesta) por la muerte de nadie. Pero tampoco entiendo a quienes comparan esta acción militar con la pena de muerte (¡ojo! en la pena de muerte, aunque esté en contra de ella, hay un juicio previo. Al menos en países como EEUU, que al fin y al cabo es a quien estamos juzgando). Y es que tal y como se ha dicho, Obama, EEUU, quería a Bin Laden vivo. ¿Por qué es verdad? Porque si no, hubieran bombardeado la casa sin poner en peligro la vida de ciudadanos americanos (ya sabemos que un ciudadanos americano vale por unos 1000 de los otros). Pero estas operaciones son peligrosas (como lo son cuando la Guardia Civil o la Gendarmería ponen un control en la carretera o entran en un piso franco) y casi siempre acaban a tiros. Y ya sabemos que donde hay tiros hay sangre.

A mi también me hubiera gustado más que Bin Laden acabase ante el Tribunal de la Haya, pero ¿cómo se hace eso? ¿Hay alguien que tenga una fórmula mágica para detener a los malos malísimos sin que muera nadie a su alrededor y sin que sufran ningún daño los polícias/militares? ¿Hubiera sido mejor que Bin Laden siguiese vivo, en su casa, mandando/liderando una organización terrorista que ha matado miles de personas?

Quizá no hayas entendido nada de este post. Yo tampoco entiendo el mundo donde vivímos.

No te detengas

Tal día como hoy, hace 3 años, publicaba en la versión anterior a este blog una entrada que hoy, me gustaría recordar, tal cual.

Hace un tiempo recibí una curiosa publicidad de un banco. Se trataba, por raro que parezca, de un poema. Desde que lo recibí ha estado clavado en la pared de mi habitación, junto a la cabecera de mi cama.

Hoy quizá no haya sido el mejor día posible. No han salido las cosas como yo pensaba. Y por eso, hoy más que nunca, este poema de Walt Whitman tiene más sentido. Porque a veces las cosas no son tan importantes como creemos.

NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.


 

Esta historia

Por problemas técnicos (vamos, porque no he tenido tiempo…) no pude hacer mi pequeño homenaje al Día del Libro. Simplemente he seleccionado un fragmento que me gusta especialmente de Esta Historia, de Alessandro Baricco, mi escritor favorito. Espero que os guste.

 

Alessandro Baricco

Esta historia

Florence no había querido saber nada del asunto, y Libero Parri tenía una carrera con el conde, no muy lejos de allí: de manera que al cine Ultimo se fue solo. Ni siquiera sabía muy bien de qué iba todo aquello, y no esperaba gran cosa. Pero lucía un hermoso sol, alto en el cielo, y la idea de ir caminando hasta el pueblo, pasando por las otras granjas a recoger a sus amigos, le había gustado. A su madre le dijo que volvería para la cena, y que no tenía que preocuparse.

En la sala municipal lo habían llenado todo con sillas. En la pared, al fondo, había una hábil composición con sábanas, colgada del muro, tan planchada que no se veía ni una arruga. Bortolazzi, que no era tonto, había organizado un pequeño espectáculo previo, consistente en la venta de sus artículos a precios especiales. Cuando Ultimo y sus amigos entraron, estaba desenfundando una almohada con gestos de prestidigitador, mientras gritaba algo sobre el algodón inglés. Sabía cómo actuar, pero la gente no compraba, en parte por despecho, y en gran parte porque no tenían ni una lira, y las sábanas no las tiraban aunque los viejos hubieran muerto dentro de ellas. Un buen lavado y ya está.

Ultimo se metió con los demás entre las sillas, buscando un sitio que estuviera libre. Al final, se colocaron sobre las cajas que el alcalde había hecho que pusieran al fondo de la sala, y que en su cabeza probablemente constituían el gallinero. Si uno se daba la vuelta podía ver, a pocos metros, izado sobre una mesa de la parroquia, el gran proyector: estaba esmaltado y era brillante, y un señor con sombrero lo iba engrasando con una seriedad de cirujano. A Ultimo le gustó mucho aquello, porque le recordaba su motocicleta: incluso tenía sus ruedas, aunque estaban en una extraña posición. Digamos que parecía su motocicleta después de un accidente. Un aplauso de sincero agradecimiento saludó a Bortolazzi, que se había decidido a recoger su género, y había pasado a presentar la película. Dijo algo sobre el hecho de que el cine era el invento del siglo, pero no se le escuchó muy bien porque la gente había empezado a silbar. Añadió que algunas escenas podían resultar «dolorosamente impresionantes» para el público local, y entonces Ultimo y sus amigos se pusieron a ulular de miedo, y la cosa tuvo cierto seguimiento. Al final se despidió de todo el mundo, dándole las gracias a la firma Ala Blanca que había permitido la realización de aquel espectáculo. La firma Ala Blanca era la suya. Lo que pasó después es digno de crédito si nos atenemos al perfil, llamémosle así, cultural de aquellos tiempos, y de aquellos lugares. Se levantó el párroco y acompañó al auditorio en el rezo del Salve Regina, en latín. Luego bendijo la sala y la pantalla, con la colaboración de un monaguillo que llevaba las ropas del santo patrón. Todos inclinaron la cabeza, sombrero en mano. Menudo disparate.

Fue apenas un instante antes de que se apagaran las luces cuando Ultimo vio deslizarse por la fila de delante de la suya —con pequeños pasos, disculpándose con una sonrisa memorable— a la mujer más hermosa que había visto en su vida. Le habían guardado un sitio libre, y el sitio era el que estaba justo delante de Ultimo. Ella llegó hasta allí y, también por el asunto de la sombra de oro, antes de saludar al hombre que la estaba esperando, se entretuvo un momento mirando a aquel chiquillo: sin saber por qué le dijo Hola, inclinando un poco la cabeza. Ultimo sintió que la sangre se le ausentaba momentáneamente de todos los lugares en que debería haber estado. Ella se dio la vuelta y se sentó. Con un gesto que de tan sabio llegaba hasta el punto de resultar invisible, dejó que se le resbalara el jersey por los hombros, dejándolo caer sobre el respaldo de la silla. Llevaba uno de esos vestidos que dejan los hombros y los brazos desnudos y que en el campo sólo se conocen porque han oído hablar de ellos. Uno se preguntaba cómo podía mantenerse allí arriba, sin tirantes, y sin nada. Ultimo no osó decirse que era el pecho lo que mantenía todo en su sitio, por delante, pero lo pensó. De manera que durante un rato tuvo problemas para tragar. Intentó mirar a su alrededor, para desdramatizar, pero sus ojos seguían fijándose en aquel cuello delgado, perfecto, que el pelo, recogido en la nuca , dejaba al descubierto. Sólo algún mechón, dejado en libertad con arte, caía hacia abajo, para amortiguar el resplandor. Ultimo sintió en sus labios la tibieza que aquella piel devolvería con la leve presión de un beso. De modo que, al apagarse la luz, ni siquiera oyó el estruendo de gritos y aplausos con que el auditorio exorcizaba la emoción. Ni levantó la mirada, como todo el mundo, hacia la lencería de Bortolazzi, que se teñía con mundos insospechados. Se quedó mirando fijamente el perfil oscuro que, contra la luz de la pantalla, bajaba desde la oreja derecha de la mujer, corría por el cuello, luego ascendía ligeramente junto al hombro, rodaba a su alrededor, y finalmente se dejaba caer hasta el codo, donde desaparecía en la oscuridad. Era una visión, aquélla sí, «dolorosamente impresionante», y Ultimo descubrió en ella, por primera vez, cuán lacerante puede ser el deseo, cuando quien nos lo ofrece es el cuerpo de una mujer. Se quedó como asustado. Y quizá fuera por eso por lo que, lentamente, repasando adelante y atrás con los ojos aquel perfil sin mellas, por decirlo de algún modo, empezó a despojarlo de cuanto tenía de femenino, y a llevarlo hacia una belleza más secreta, donde la piel se convertía en simple línea; y el cuerpo, en un dibujo grabado y repujado sobre la claridad de la pantalla. Era algo que lo tranquilizaba, porque aquella belleza él ya la conocía. Se olvidó de la mujer y se entregó a otra perfección, repasando la línea pura y el dibujo hasta que se convirtieron en trayectoria y trazado —y carretera. Entonces tomó posesión de ella, como sabía hacer él. Descendía a lo largo del cuello, luego doblaba a la derecha, aceleraba sobre la recta levemente en ascenso, aflojaba en la cima del hombro, se dejaba caer hacia la derecha y salía hacia el exterior enfilando la suave recta del brazo. Primero lo hizo sólo con el cerebro, para ir tomando las medidas, luego empezó a notar la carretera en su cuerpo y, lentamente, a hacer el ruido del motor, con la boca. Si alguien lo hubiera visto, habría podido equivocarse, porque los movimientos de su pelvis recordaban otras cosas. Pero no era culpa suya si las motos se conducen, sobre todo, con el culo. En esa analogía, por otra parte, se revelaba, una vez más, que infinitas son las formas de poseer un cuerpo, y que no necesariamente la más instintiva es también la más irrevocable. Ultimo, que nunca se habría atrevido, o podido, tocar aquel hombro, ahora estaba corriendo por encima de él, descubriendo sus secretos uno a uno. Allí, en medio de la gente, se aprovechaba de una intimidad que un amante refinado habría tardado meses en conseguir.

Créase o no, la mujer levantó una mano, y con los dedos se rozó el hombro, como para sacarse algo que no sabía lo que era.

Allí terminó la infancia de Ultimo.

 

La excelencia en la educación

A estas alturas ya todo el mundo conoce la propuesta de Esperanza Aguirre de crear un Bachillerato de excelencia. Muchos compañeros de partido se han mostrado en contra por pensar que va a segregar a los alumnos. Yo también estoy en contra, pero no por esos motivos.

El problema de la medida es el contexto. No se puede estar hablando de este tipo de cosas cuando tienes numerosos centros con ratios mucho más altas de las recomendables, cuando tienes a profesores sobrepasados, cuando no tienes planes de actuación para integrar a los muchos inmigrantes, cuando no tienes planes para que aprendan lo antes posible nuestro idioma… es decir, uno no puede dedicarse a decorar la fachada cuando se le está cayendo el tejado.

La medida en sí no me parece mala. Alguien la comparaba con los centros de alto rendimiento de los deportistas (por cierto, que en España sólo tenemos tres… luego querremos cuatrocientas medallas en los JJOO) y no me parece mala comparación. Pero yo me pregunto ¿Por qué solo en Bachillerato? ¿Qué pasa con un niño que a los 8, 9 o 10 años demuestra estar por encima de la media? Quizá en Bachillerato ya sea demasiado tarde. ¿Y qué pasa si un niño sólo destaca en una materia (matemáticas, música…)? ¿Vamos a desperdiciar ese talento? Además, ¿Qué criterio se va a usar para entrar a ese Bachillerato de excelencia? Espero que no sean las notas, porque esta son fácilmente inflables. Sería más lógico hacer una selectividad igual para todos, con vigilantes neutrales… E incluso, ¿por qué no se podría adelantar, si ya tienen los conocimientos, su entrada en la Universidad?

No tengo problema en que se potencie a aquellos alumnos que tienen mejores capacidades. Pero las propuestas deben ser para todos igual, respetando los mínimos y aumentando los máximos. Y siempre con planes concretos y definidos. No se puede jugar a experimentar con la educación.