Duran i Lleida, ese hombre de estado

El día en que el Gobierno presentó su plan de ajuste, muchos medios se llenaron la boca definiéndole como un gran “hombre de estado” por haberse abstenido y permitir, de facto, que la reforma siguiese su curso. Incluso el propio Zapatero* ha elogiado siempre su actitud. Y es cierto que el tono de Duran siempre es correcto. Y que incluso alguna cosa que ha dicho en estos años la he compartido. Pero este lobo con gafas de diseño y traje a medida está enseñando sus garras demasiado en los últimos tiempos.

Y es que este señor que habla de crisis pero duerme en una suite en el Palace, que no considera la homosexualidad como enfermedad pero defiende a los médicos que la curan, ahora resulta que no quiere acatar lo que dice el Tribunal Constitucional: “La Constitución interpretada por el TC no es la que nosotros pactamos”. Perdone, señor Durán, pero eso no se puede hacer. No se puede estar 30 años callado con la constitución y con el TC y ahora, porque no le interesa lo que dicen decir eso.

Y se equivoca doblemente, porque además acusa al Presidente del Gobierno. El mismo que dijo que respetaría el Estatut que saliese del Parlament. Y sin embargo no mira al otro lado, a la bancada popular, aquellos que recurrieron más de cien artículos al Constitucional. Se equivoca este hombre de estado, que quizá no sea tan hombre como para criticar a quien debe, ni tan de estado como para importarle, de verdad, la constitución.

*Aviso para navegantes: No, no me gusta absolutamente todo lo que hace Zapatero.

El valor de no hacer nada

Ayer, en la primera jornada del Debate sobre el Estado de la Nación, no nos encontramos, al revés que otros años, con grandes medidas propuestas por Zapatero en su intervención. Fue, incluso, un poco apático. Algunos dicen que realista (que no es mal cumplido viendo ciertas acusaciones). En cualquier caso, no fue ilusionante.

Foto de elpais.com

De Mariano Rajoy, lo de siempre: Nada. Que sí, que hay que crear empleo (no dice cómo) que la reforma laboral no le gusta (no dice en qué) y que se vaya Zapatero. Eso lo es único que le importa. Que se vaya Zapatero y que haya elecciones cuanto antes. Un gesto irresponsable de un calado que algunos no quieren entender. No solo porque se esté olvidando de dar soluciones (si las tiene) para España*, sino porque pretende que el país esté durante unos meses sin nadie que lo gobierne y sin la posibilidad de tomar decisiones rápidas. Y en caso de tomarlas, en plena campaña electoral, ¿qué legitimidad tendrían? ¿cómo afectaría a las urnas? ¿cómo podría un gobierno que adelanta las elecciones y en apenas unas semanas antes de ir a las urnas tomar una decisión impopulista (o populista)? Pero no es solo eso ¿tiene sentido que en plena crisis los partidos políticos se gasten un dineral en campaña? Porque sabemos que no van a renunciar a ello. ¿Y qué pasará con los partidos minoritarios que no tienen esa capacidad? Estarán condenados a una casi desaparición.

Por eso me ha gustado la respuesta de Zapatero. Nada especial. Simplemente la verdad: “Usted pide indirectamente que otros grupos le hagan la labor de forzar la convocatoria de elecciones. Lo que tiene en sus manos el instrumento de la moción de censura. Si fuera coherente, si tuviera un programa y el valor de explicarlo a los ciudadanos subiría aquí. Para hacer una moción de censura hay que contar los grupos que te apoyan y tiene el riesgo de asumir la soledad”

* Y que nadie me venga con que en 1996 lo hicieron, por favor. Un poco de seriedad, que no se puede volver a inflar la burbuja inmobiliaria ni se pueden privatizar más empresas.

Pd: De la irresponsabilidad de Duran i Lleida insinuando que como este TC no dice lo que él quiere, va a dejar de aceptar la Constitución ya hablaremos otro día.

La mejor red social del mundo

A finales de mayo y apenas unas semanas antes de que comenzase el Mundial, saltó una noticia que, aunque con poco eco en los medios, sí levantó alguna ampolla en internet: Del Bosque prohibía a los jugadores usar facebook y twitter.

El objetivo estaba claro: concentración. El resultado del mundial también: campeones.

En aquel momento muchos decían que era una tontería, que a un jugador no le pasa nada por escribir y leer lo que le comentan, que incluso le puede venir bien para distraerse… Nunca sabremos si, con redes sociales, hubiésemos sido igualmente campeones. Nunca sabremos si tras la derrota con Suiza los jugadores se hubieran tensado mucho más al leer los comentarios desde España, o cómo hubiesen reaccionado antes de jugar la final. Nunca lo sabremos, es cierto, pero sí sabemos cómo acabo la historia. Y no pasa nada por pensar que a lo mejor el Social Media no es el ombligo del mundo. Y que se puede vivir sin él. Y que, incluso, a veces, esto es positivo.

Esto es Hollywood

Desde que nacemos, las películas de Hollywood nos han enseñado un mundo con final feliz. La última de las escenas, más o menos, viene a ser un chico con manchas de guerra, quizá un corte en la cara, que acaba de salvar al mundo (o a su  país, que para los americanos viene a ser lo mismo) de su inevitable destrucción. A su lado, una bella (siempre bella) chica le espera para darle el beso y el abrazo que representa el beso y el abrazo de todo un país.

Foto de A.Ruesga en ElPaís.com

Y es que el fútbol tiene algo de cine. Todos saben perfectamente su papel durante los 90 minutos. La única diferencia es que aquí no hay guión y el director no puede decir Corten!. Además, como en las buenas películas, la guerra no se acaba con un sinfín de disparos. Más bien al revés. Tras un momento en el que nos creíamos muertos (¡Ay Robben lo que te quitó Iker de los pies!) y lamentábamos nuestra mala suerte (¿por qué no metiste ese gol Cesc?), cuando ya todo parecía perdido, cuando los malos, los duros, los sucios parecían arrebatarnos lo que debía ser nuestro, cuando nos encañonaban en la nuca relatando los 40 años que llevaban esperando este momento… todo cambió. Fue al final, sin más tiempo que para la lágrima, el aplauso y el abrazo.

Nuestro héroe no tenía sangre, sino hierba en su ropa. Pero eso fue más o menos lo que pasó al final. Sara Carbonero, la criticada, apareció como la periodista Lois Lane cuando entrevistaba a un Iker Casillas que ella veía portero, como si sólo fuera Clark Kent, pero que todos los espectadores sabíamos que era Superman. Al final él se quitó las gafas (serían las lágrimas…), se puso la capa y la besó.

… y esa noche todos fuimos felices y, con una estrella en el pecho, comimos perdices.

Pd: Continuará…

Pd2: Que un jugador como Iniesta, que acababa de meter el gol más importante de la historia del fútbol español se acordase del fallecido Jarque, su amigo, es un gesto tan enorme, que pocas palabras podrían definirlo.

No aviséis a los niños

España juega esta noche, por primera vez en su historia, una final de un Campeonato del Mundo de Fútbol. Siendo este el deporte rey, no sólo en nuestro país, sino también en la práctica totalidad del globo, este partido quedará para siempre en la historia española. A los futbolistas que saltarán al campo les espera la gloria, quizá la eternidad. Al país al que representan le espera la alegría descontrolada, el orgullo. Ser felices no sólo por un rato, sino para el resto de la vida. Porque cuando recordemos este mundial recordaremos que peleamos hasta el final. Y quien sabe si podremos decir que ganamos. Y entonces ponernos una estrella sobre el escudo que ya jamás nos quitaremos.

Pero pase lo que pase, sea la gloria o una dulce derrota, que nadie avise a los niños. Que nadie les diga una y otra vez (sí, todos hemos caído en este pecado, yo el primero) que es un momento histórico que quizá no vuelvan a vivir. Que nadie les meta nuestros complejos en el cuerpo, ellos no tienen la culpa de nuestro pasado. Que disfruten, como nosotros, de este partido. Que se vean capaces de ser el centro del mundo cuando sean adultos. Que no vean en nuestro país un obstáculo a sus deseos. Por favor, que nadie avise a los niños. Déjadles soñar libremente.

¿Por qué fútbol?

Días como hoy, ajenos e ilusionados miramos a los ojos de la gente. Nos cruzamos en las calles, en el autobús, en el trabajo. Algo brilla en los ojos. Quizá sea una lágrima que no quiso llegar a salir. Quizá sea el reflejo de unos focos en un balón que surcaba el aire…

Nos miramos y muchos nos preguntamos “¿por qué fútbol?”. Podríamos buscar una explicación más o menos racional. Al fin y al cabo el fútbol es diferente de todos los otros deportes. Es el único donde el balón se juega con el pie. Vale que también en rugby o fútbol americano le dan patadas, pero no es lo mismo. Primero porque es algo ocasional (como los saques de banda) y segundo porque no hay técnica, no hay clase, no hay cariño. Piensen en el tenis, en el hockey, en el baloncesto, balonmano… Otra explicación podría ser la facilidad para jugarlo. Desde pequeños nos ha bastado unas marcas en la pared o unas mochilas para hacer de portería y el balón podría ser incluso el papel de aluminio que envolvía nuestras meriendas. Así, poco a poco, ha ido atravesando nuestra piel hasta tocarnos el alma. Y una vez ahí estamos tocados para siempre. Inevitable.

Y sin embargo, después de todo, el fútbol nos une por encima de ideologías, de crisis, de salarios… Los que hacemos o nos interesamos por la política deberíamos dejar el reproche fácil: “todos esos que se unen por el fútbol ya se podrían unir por defender sus derechos” y aprender la lección: Nos podemos unir por un objetivo común. Quizá la respuesta sea, como dice Punset para la educación, llevar la imaginación y la diversión. La letra con sangre entra ya no vale (quizá nunca sirvió de mucho) así como seguramente ya no valgan los gritos desgarrados de los mítines. Ese es el reto.

Foto de as.com

Pero, volviendo al inicio: “¿por qué fútbol?” Seguramente porque se trata, al final, de algo primario. No, no hablo de testosterona. Hace tiempo descubrimos que los cojones no ganan partidos. Hablo de algo mucho más primario: la fe. La fe con la que se  golpea una balón, incluso este Jabulani de efectos tan extraños. Da igual como. Uno sabe que con esa fe acabará entre las redes, en la gloria. La fe, por ejemplo, con la que saltó Puyol para meternos en la primera final de un Mundial. Dicen que la fe es cosa de dioses. Seguramente algún niño esta noche haya soñado en que estos chicos de La Roja son el Olimpo.

Y allí estaremos, en la final, con nuestros recuerdos de balones de papel de aluminio y las banderas en los balcones y el corazón en un puño.

Política de basura

Si ayer vivíamos un nuevo caso de presunta* en una diputación gobernada por el Partido Popular a raíz de unos contratos sobre el servicio de basura. Veremos si queda en algo o no queda en nada, pero de momento el Presidente de la Diputación de Alicante, José Joaquín Ripoll está en libertad, pero con cargos.

No sé a cuanto asciende lo que se hayan apropiado estos señores por las recogidas de nuestros desechos, pero lo que sí sabemos es que el Ayuntamiento de Madrid, ese que puede mudarse a la Cibeles pero no puede renovar contratos de servicios sociales, se ha gastado 72 millones de euros en renovar todas las papeleras de la ciudad. Al módico precio de 1.133 cada una. Casi dos veces el SMI (633 €/mes).

¿Y qué tienen estas papeleras para ser tan caras? Pues además de lo de siempre (el modelo es casi idéntico) han añadido un cenicero (juraría que algunas ya lo tenían…) y un texto en braille. Dos cosas que, sin duda, hacen de estas papeleras lo último para una ciudad. Y es que claro, puede que no haya gente en los polideportivos, o que los programas de educación sexual para jóvenes se vayan a la mierda, pero por fin podremos los madrileños tirar nuestros papeles (y demás basurillas pequeñas) en unas casi-idénticas papeleras a las anteriores. ¿No es magnífico? Queda claro que algunos hacen oro de lo que otros tiramos.

* Presunta: esa palabra que se dice mientras que nos importe un poco de esa corrección mal llamada como lo “políticamente correcto”

Creando progreso

Sí, lo reconozco. Me encanta Crea Progreso, la nueva herramienta que se presentó el sábado en Ferraz y que previamente había sido presentada a un conjunto de blogueros de diferentes federaciones del PSOE entre los que me encontraba el día antes y que, por supuesto viendo el nivel que había allí, fue correspondientemente degollada y matizada para que sea no sólo una plataforma útil (que ya lo es) sino para que responda tanto a nuestra ideología abierta como a lo que la sociedad espera de algo así.

Porque ser de izquierdas significa muchas cosas, como hacer crítica a lo que nos rodea. Como tener una mente abierta para poder percibir lo que nos sucede a nuestro alrededor y comprender los cambios que van llegando. Y saber qué es lo mejor para la sociedad, y más si es escuchándola. Porque ser de izquierdas significa creer en el progreso de toda la sociedad, sin exclusión alguna. Y eso se manifiesta en el adjetivo progresista, ése que la derecha más rancia cree que puede usar con un sentido insultante, sin darse cuenta que así no sólo no nos insultan a quienes creemos en el progreso, sino que les retrata como verdaderos conservadores.

Y es por eso que esta plataforma es mucho más de lo que pueda parecer en un primer momento. No es sólo una herramienta para escuchar las necesidades de la sociedad de cara a fijar un futuro programa electoral, sino que va más allá. Es una herramienta llamada a liderar un proyecto de Gobierno Abierto (el tan traído y llevado Open Government) que sirva a las Administraciones (es decir, a quienes las gobiernan) aplicar soluciones a los problemas que tenemos la ciudadanía en nuestro conjunto, de escuchar a la ciudadanía para gobernar mejor, para optimizar los recursos escasos que se gestionan en todas las Administraciones. Porque este proyecto es global, ya que se pueden hacer propuestas a nivel local, autonómico o nacional y porque la voz de cualquiera puede ser escuchada y tenida en cuenta.

Y, porque al fin y al cabo, como dijo Zapatero hace un año, los programas electorales no son del Partido y no se hacen en el Partido, sino que son de la sociedad y se hacen con la sociedad. Así que, votes o no al PSOE, creas o no en una ideología progresista, estoy seguro que tu aportación será oída, escuchada, revisada y comentada por alguien. Porque el Gobierno Abierto no es sólo un cambio en las estructuras gubernamentales hacia una mayor transparencia y agilidad, sino que también conlleva la empoderación de la ciudadanía, devolver a la ciudadanía ese poder político que no sólo tiene cada cierto tiempo en las urnas, sino en el día a día.

Por eso, ayúdanos a crear.

Y recuerda que para crear hay que destruir. Y en este caso lo que se quiere destruir son barreras y muros: destruir los muros que impiden que la ciudadanía sea escuchada por esa élite que hemos designado para que nos represente y nos gobierne.

Copiado íntegramente de Esteban Mucientes