Presidente Peter Pan Tras una propuesta de la gente de la calle, como tu y como yo, los legítimos representantes a los que votamos (o no) libremente decidieron aprobar dicha propuesta. Democracia en estado puro. Un ejemplo...
Si Pepe Reina fuese Rajoy Mucho se ha hablado durante todo el Mundial y mucho más durante esta última semana del buen ambiente que ha reinado en la concentración de la Selección Española. El objetivo, convertirse en Campeones...
Duran i Lleida, ese hombre de estado El día en que el Gobierno presentó su plan de ajuste, muchos medios se llenaron la boca definiéndole como un gran "hombre de estado" por haberse abstenido y permitir, de facto, que la reforma siguiese...
Resulta que ayer nuestra nunca bien valorada Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, llegó a un acuerdo con el siempre bienintencionado obispo Rouco Varela con motivo de la visita del (ex) nazi y ahora Papa de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, entre otras muchas cosas que seguro que me olvido. Del acuerdo hemos sabido que, por ejemplo, los jóvenes podrán moverse gratis para poder asistir a tus dignos eventos.
Yo, fiel amante del transporte público, no puedo sino aplaudir este bonito gesto. ¿Se imaginan que el PapaMóvil se queda atascado en la Castellana porque todos los fieles han colapsado la ciudad? Bochornoso… Tan bochornoso como que Aguirre haya tomado su primera decisión a favor de la movilidad de los jóvenes madrileños una vez terminado su mandato*. Mientras tanto, ha subido el precio del abono un 8% y el del metrobus un 21% en los últimos años, al tiempo que negaba a los socialistas la subida de la edad del abono joven hasta los 26 años. Y es que claro, todo el mundo reconocerá que es mucho más importante asistir a la visita de Ratzinger que ir a trabajar o a la universidad, ¿verdad Esperanza?
Ayer, sin ir más lejos, dejó en este blog un comentario Manuel Azaña. Ni más ni menos. Fue en el post Cultura contra la impunidad. Venía a decir, más o menos, que estos no era artistas de verdad. Los de antes (esos que no conoció, por el lógico paso del tiempo) sí que lo eran.
Más allá de la manida táctica de desacreditar lo actual mediante el elogio a lo pasado (lo podemos ver también en cómo, desde la derecha, se lanzan piropos a Felipe González) siempre me ha fascinado lo curioso del juego entre la memoria y los ídolos.
Demasiadas veces nos enfrascamos en hacer rankings, tablas, premios… y así, decidimos qué poeta era más profundo, qué actor interpretaba mejor o cual futbolista tenía más calidad. Perdidos entre debates etéreos, alguno se ha olvidado qué significa sentarme a disfrutar de su arte, de ayer, de hoy y de mañana. Porque el arte, parecen no haberse enterado, es eterno y personal. Y que disfrutar hoy de fulano o mengano no hace peor al anterior. Y que el paso del tiempo, a diferencia del vino, no mejora una obra.
Vivimos una época de competición salvaje. Desde que nacemos se nos educa en una sociedad en la que solo vale ser el mejor: el mejor de clase, el mejor jugando al fútbol, el mejor con los amigos, el mejor con las chicas, el mejor de los mejores.
Y no está del todo mal la competitividad. Creo que ayuda a mejorar, a esforzarse un poco más, a avanzar. Pero hay que entenderla bien. El objetivo de ser el mejor no consiste en tener al resto por debajo tuya. Consiste en ser tu el que más alto esté. Es parecido pero no tiene nada que ver.
Pensar en, simplemente, estar cada día más alto no te llevará nunca a pisotear a nadie. Uno mira hacia arriba. Y con esa mirada busca mejorar él. Y si los demás mejoran no pasa nada. Porque lo importante no es cuanta gente tengas por debajo ni cuanta por encima. Lo importante es la altura que alcanzas. Y disfrutar del vuelo.
Cada día es más común acudir a unas Jornadas de. Allí nos impartirán, seguro, grandes conocimientos sobre el tema, ya sea medioambiente, economía, política… Con un poco de suerte, además de una charla, uno se puede encontrar con un debate. Un debate que puede, incluso, llegar a ser interesante.
Para eso están las jornadas. Y está bien. Para lo que no están es para ser una colección de cargos. No tiene ningún sentido llevar al “Director General de…” si no tiene ni idea de lo que habla. Mucho más útil llevar a quien de verdad curra en eso, al que sabe del tema. Lo mismo no queda tan bien en el cartel, pero es más útil.
Lo mismo pasa con las inauguraciones y presentaciones. No está mal que alguien hable para introducir un poco el tema a tratar, para indicar cómo van a ser las jornadas pero ¿es necesario que hablen 5 personas para decir lo importante que es hablar de medioambiente o economía o política o…? Si estás allí es que ya te interesa ese tema. ¿Es necesario que un señor cuya empresa ha puesto su logo en el cartel me diga que “hemos tenido unas buenas jornadas”?
Señores organizadores de eventos y jornadas: al grano, por favor.
Porque somos muchos los que queremos saber la VERDAD sobre lo que le pasó a nuestros antepasados. No se trata, como muchos interesados quieren decir, de VENGANZA. No. Queremos la Verdad. Queremos Justicia. Solo un desalmado, un hipócrita o un asesino podría ver en la verdad y en la justicia motivo para queja.
Aviso, este post habla sobre twitter. Si no eres usuario, no te sirve de (casi) nada.
Como este no es un blog de tecnología voy a hablar de una herramienta que conocí hace poco pero que, al menos, ya lleva unas semanas (el tiempo que la conozco yo) entre nosotros. Se trata de Bettween. ¿Y qué hace? Pues nos permite anidar conversaciones.
El sistema es muy fácil. Cuando no sepas por qué alguien te responde, cuando quieras “trabajarte” un debate o cuando la conversación entre dos twitteros a los que sigues se alargue simplemente tienes que poner los nicks de ambos y la página te mostrará los tuits donde se han hablado. Y además, te lo anidará temporalmente, para distinguir entre varias conversaciones.
Y si te pica la curiosidad de saber qué pasa si pones un solo usario, te dirá con quienes conversas más. Los resultados son curiosos.
A raíz de mi último post No eres víctima, eres culpable, ha surgido un debate mucho mayor del que yo esperaba. Más de 230 comentarios entre menéame y el propio blog. Entre ellos (sí, me los he leído todos) he sacado algunas conclusiones:
A pesar de hablar en el primer párrafo de la culpa de Gobiernos y Bancos, hay quien ha pensado que el post era para defender al Gobierno. Si fuera así ¿no hubiera sido más lógico no poner nada del Gobierno?
Y si hay culpa del Gobierno (o los Gobiernos, más bien) ¿no tenemos nada de culpa los ciudadanos?
Nuestro individualismo no nos lleva a aceptar que somos una Sociedad. Y si la crítica se produce a la Sociedad, la respuesta es: Yo no he sido. En lugar de pensar que, quizá, sí hemos sido. Luego se estará de acuerdo o no con la afirmación. Pero YO no soy la Sociedad.
Otro debate curioso es el que se ha producido sobre las hipotecas. Uno de los puntos que quise aclarar en los comentarios es que, por culpa de una mala política/cultura del alquiler, mucha gente que necesitaba una vivienda se hipotecó. Algo bastante comprensible. Mi crítica iba dirigida a aquellos que se compraban viviendas por encima de sus posibilidades y a aquellos que especulaban con ellas (la compro ahora y en 5 años la vendo sacándome unos millones). Siempre he creído que las viviendas son para vivir. Para especular ya tenemos la bolsa. Y sobre las hipotecas he sacado alguna otra reflexión más:
Quizá la letra pequeña de las hipotecas sea complicada y enrevesada, pero ¿por qué nadie ha consultado con un abogado antes de firmarla?
Y por muy complicada que fuese ¿no se sabe de sobra que si no pagas, te echan a la calle? ¿es necesario ser abogado para eso?
Hay quien se queja de las condiciones de las hipotecas. Y es cierto que son injustas, pero ¿era obligatorio hipotecarse? ¿Nadie hizo cuentas? Y sí, el alquiler quizá no sea una “buena opción”. Pero ¿era mejor asumir condiciones como esas?
Y otra cosa curiosa es cuando se acusa a los bancos de dar créditos a todo el mundo. Es cierto. Pero todo el mundo no son entes que aparecían por ahí. Eran personas con nombres y apellidos. Fuimos nosotros, el vecino del tercero, el hijo del taxista, el del bar, el chico nuevo de Recursos Humanos… quienes pedimos (o pedieron, que hay que aclararlo todo) créditos.
Por último, una anécdota totalmente personal. Hace poco, hablando de estas cosas con un vendedor de coches, me contaba la cantidad de coches que, en los últimos años se habían comprado incluyéndolos en la hipoteca. No hay que ser economista para saber que si pones un coche que vale 15.000 € a 40 años, al final, vas a pagar 3 o 4 veces el precio del coche. Obviando que vas a estar unos 25 años (con suerte) pagando algo que ya no tienes.
Este post seguro que no le gusta a mucha gente. Normalmente no nos gusta que nadie nos diga que tenemos la culpa. Solemos ser de aquellos que hacen la autocrítica criticando al que nos pilla más cerca. Pero llevo tiempo pensando que la culpa de la crisis es de TODOS. Sí, de todos. De gobiernos y bancos por supuesto. Y de empresarios explotadores. Pero también de nosotros, los ciudadanos de a pie que hemos querido vivir como ricos.
Y es que hace unos años cualquier currito tenía que tener su chalet y su BMW. Daba igual que fuera albañil o camarero o administrativo. Porque seguramente tuviese la nómina hinchada con incentivos, que para eso se movía tanto dinero. Y si no, te la falsificaban y el banco te daba el crédito. Y tu, currito con salario base de 800 euros (pero que como vendías muchas casas, o muchos coches) te levantanas 3000 euros, te veías pagando letras de 1.500 euros al mes. ¿De verdad tiene alguien la culpa de que no sepas echar cuentas? Y eso, claro, sin renunciar a vacaciones en Cancún y salir a cenar cada dos por tres fuera de casa.
El domingo pasado veía en TVE como un vecino de Parla se quejaba de su situación económica. Sin terminar de pagar su hipoteca (unos 400 euros al mes) y con dos niños, decidió comprarse un chalet. La reportera le decía: “la lógica dice que antes de comprar un piso es mejor vender el otro, no?” A lo que el pobre parleño contestaba: “con las prisas del banco y con esos contratos de 100 páginas con palabras que solo entienden los abogados…”
Pues eso, 400.000 € de deuda y echando la culpa a otros. Ese es también el origen de la crisis de nuestro país: todos aquellos que se han comprado casas que ahora están vacías. Casas que ahora, además, no pueden pagar.
Aparece hoy en el diario Público un pequeño reportaje sobre las reclamaciones de diversos sectores feministas sobre la poca repercusión que tienen en medios (especialmente la televisión) sus partidos.
La idea general viene a ser que si las televisiones públicas ofreciesen más deporte (competiciones e información) femenina, el público les prestaría más atención. Dice Yolanda Besteiro que “Si no emiten deporte femenino no pueden medir las audiencias” así que no podemos decir objetivamente que “no tienen tirón”. Y no le falta razón.
Mucho menos de acuerdo estoy con el comentario de Carmen Lluveras: “las entidades públicas deberían de emitir contenidos que satisfagan tanto a mujeres como a hombres” ¿Quiere decir que los hombres solo veríamos deporte de hombres y las mujeres solo deporte de mujeres? Sinceramente, me parece una reflexión un poco estúpida para un tema tan serio. A quienes nos gustan los deportes no nos gustan por ser “de hombres” o “de mujeres”. ¿Acaso no hay mujeres que ven fútbol o la F1? ¿Acaso no hay hombres que vemos natación sincronizada? Debemos quitarnos ciertos estereotipos.
¿Deben entonces las televisiones públicas darle más protagonismo al deporte femenino? Sí, yo creo que sí. Aunque en algunos, como es el tenis, la cosa esté más igualada. Pero en esa misma línea también deberían ofrecer deportes “minoritarios”: Voleibol, rugby, Kárate, tenis de mesa… al fin y al cabo la Igualdad debe implicar no solo al sexo, si no también a la práctica deportiva.
¿Cuantas veces he oído esto en los últimos años? Probablemente media docena al día. No hay debate en el que alguien lo suelte. Parece fácil: si tienes trabajo no necesitas ayuda de las administraciones.
Mentira. Y no por mucho que la repitan se convierte en verdad. El problema es que, para algunos, la única política social es pagar el paro. Entonces, claro, es mejor darle un trabajo (como si fuese una manzana) que pagar.
Pensemos por ejemplo en un joven. Un estudiante (o trabajador muy joven, da igual). Política social es darle una buena educación sexual para que use protección contra los embarazos no deseados y las ETS. Y si contrae alguna enfermedad darle la asistencia necesaria, así como los consejos para no recaer. Política social es también una buena educación sobre las drogas. También lo es darle unas buenas instalaciones deportivas, asequibles económicamente. Y, por supuesto, becas para estudios. Porque la realidad de este país es que, aunque ambos padres tengan trabajo y el mismo chico pueda compaginar trabajo con estudios, los sueldos no permiten irse a estudiar al extranjero.
Pensemos ahora, por ejemplo, en una mujer. Con trabajo. Quizá tenga a su cargo a un pariente mayor. Política social es darle la ayuda que necesite para no depender al 100% de esa persona, ya sea alguien que esté con el anciano las horas que trabaja, ya sea un/a enfermero/a que le ayude a ciertas tareas (como las de higiene, por ejemplo) o incluso el facilitar una residencia. O pensemos que uno de los hijos tiene una discapacidad importante. ¿Sirve de algo tener un trabajo o es más bien algo incompatible? Y ya, por supuesto, ni hablar de las mujeres maltratadas. ¿Acaso las trabajadores son inmunes a los golpes? ¿Acaso no necesitan ayuda psicológica? ¿Acaso no necesitan lo mismo que cualquier otra?
El trabajo es solo trabajo. La política social es mucho más, por mucho que se empeñen algunos.