Comportamientos

Este fin de semana hemos vimos con cierta sorpresa y quizá algo de vergüenza ajena como el millonario nuevo dueño del Racing de Santander celebraba (aquí tenéis un vídeo) celebraba de forma efusiva el tercer gol de su equipo ante el Sevilla, casi en el último minuto, dando la victoria para los cántabros.

El caso es que su celebración ha saltado a muchos periódicos. Parece que se le perdona por ser nuevo en el tema y no saber las costumbres que rigen los palcos. El propio Revilla (un ejemplo de formalidad… ejem ejem) ha dicho que dirá cómo debe comportarse.

Siempre he pensado que el comportamiento en los palcos es estúpido. Sí, quizá lo Ali Syed sea exagerado, pero ¿de verdad es necesario no moverse, no parpadear, no sonreir cuando tu equipo mete un gol? ¿queremos (quieren) los aficionados a presidentes que no sientan lo que están viendo? ¿Acaso la educación ahora consiste en saber no moverse?

Sí, seguramente este sea un debate y unas reflexiones estúpidas sobre un comportamiento, seguramente, también estúpido. Pero ¿es reflejo de nuestra estúpida sociedad?

La precariedad en todos los ámbitos de nuestra vida

Esto decía Ismael Serrano a una pregunta sobre la falta de motivación y movilización de nuestra sociedad en una ciberentrevista con los lectores de Público

Vivimos en una sociedad atomizada. El gran logro del sistema es instalar la precariedad en todos los ámbitos de nuestra vida de forma que entendamos derechos fundamentales como privilegios de los que sólo los afortunados pueden disfrutar en un frágil equilibrio: vivienda, trabajo… Es decir vivir con una espada de Damócles permanente sobre la cabeza no nos permite conectarnos con nuesgtro entorno: vivir esclavo del trabajo (porque al ser un privilegio tenerlo ya no consideramos las condiciones en las que lo ejercemos), vivir asustados ante los que vienen de fuera (es terrible como se culpabiliza a los emigrantes de las deficiencias del sistema de forma que el político elude su responsabilidad), vivir con la atadura permanente a una hipoteca implacable… Todo esto nos aisla a unos de otros, lo importante es sobrevivir. Y aunque el cuestionamiento del sistema es generalizado apenas tenemos oportunidad de poner en común nuestras ideas y por lo tanto creemos estar solos en dicho cuestionamiento. Eso hace disminuir nuestra capacidad de movilización al no ser conscientes de nuestro potencial para cambiar las cosas.