Volando a Toledo

Esta mañana he tenido la oportunidad de volar, gracias (mil gracias!!) a Javier, en un ultraligero. El vuelo en un aparato de estos no tiene absolutamente nada que ver con un avión comercial. Es algo así como la diferencia entre ir en tren y en patines.

La experiencia, sin duda, ha sido expectacular. El aire, las vistas, la misma sensación de volar… Y la paz. Supongo que afrontar la vida consiste en una cuestión de perspectivas. Y la perspectiva de estar, en el aire, en un aparato que parece de juguete, a 130 km/h y sin nada más que hacer que disfrutar del paisaje, disfrutar del vuelo, disfrutar, en definitiva… le ayuda a uno a pensar en todas esas pequeñas cosas (esas pequeñas cosas de aquí abajo) por las que nos peleamos todos los días y que tampoco son tan grandes.

Si algunos se dieran un paseo de estos de vez en cuando… qué bien iría el mundo.