El poder está en el medio

Lo hemos visto dos veces en los últimos días: el verdadero poder no lo tienen ni los que mandan (política o económicamente) ni los ciudadanos que votan o compra. El verdadero poder está en el medio.

Y pueden ser controladores los que, desde ese punto central, bloqueen un país (si, vale, no todo, pero esto es como esa frase de la tele “delante de toda España”) o que VISA y Mastercard se nieguen a financiar a Wikileaks o a Julian Assange, que parece ser la misma cosa, dada nuestra natural personificación de las causas*.

Así que lo que nos hicieron los controladores (es decir, joder a todos los ciudadanos que quisieron usar el transporte aéreo) es lo mismo que han hecho los hackers con las empresas tarjeteras. La diferencia está en que, aunque ambos se creían el poder, siendo solo el medio,  los primeros hicieron un boicot desde dentro hacia afuera, mientras que los segundos fueron desde fuera hacia adentro. Es lo mismo pero no es igual. A los primeros hubo que controlarles (valga la redundancia) a posteriori, mientras que a los segundos se les ha dado un toque para decirles que ellos son solamente eso, el medio. Y que nuestro dinero es nuestro aunque lo manejen ellos (y se lucren ellos).

Parece que no estamos tan dormidos… 

* Curioso que pensemos que este señor, por haber destapado todos los cables, no es capaz de cometer cualquier delito. Como si una cosa llevase a la otra o su contraria.

Yo enlazo a WikiLeaks ¿Y tú?

Desde Las Ideas nos sumanos al apoyo a Wikileaks. La transparencia en los datos es uno de los valores que siempre hemos defendido. La idea de enlazarlo es que cuantos más enlaces lleguen a Wikileaks, más fácil será que la gente pueda llegar hasta sus contenido y evitar así el bloqueo que algunos pretenden.

De cremalleras

¿Cuando decide una cremallera no cerrar bien? Es decir, una la mira, abierta, desde arriba, y todos sus componentes parecen perfectos. Y tira de ella y se va cerrando hasta que, de repente y en un punto indefinido (un punto, al menos, no definido anteriormente) se abre en V y ya no cierra más.  Y sin embargo, si uno hace esto suavemente quizá tenga suerte y la cremallera se salte ese punto y cierre completamente. La velocidad, o su ausencia, o la suavidad más bien, hacen que sea posible, que obvie el punto indefinido que hace que todo se vaya al garete.

¿Cuando decide una cremallera no cerrar bien? Seguramente haya una explicación, aunque seguramente tenga tan poca importancia que nadie se haya molestado en dar una. Pero la vida está llena de cremalleras, y unas cierran bien siempre y otras solo lo hacen cuando tiramos de ellas con suavidad. La vida y las cremalleras al final son lo mismo. Un viaje con principio y fin donde uno puede tener un sobresalto y no acabar su tarea, sea esa cual sea.

Viejas costumbres

Hace poco, en un curso que estoy realizando, hacíamos un pequeño simulacro de campaña electoral. En concreto, estábamos en pre-campaña. El caso es que la compañera que hablaba para las masas cometió el error de pedir el voto. Ya sabemos que, como marca la ley, el voto solo se puede pedir dentro de la campaña. En caso contrario estaríamos cometiendo un delito. Si podemos, por el contrario, pedir “apoyo”. Algo que, como todo el mundo entiende, es muy diferente. Seguramente ningún ciudadano, por inteligente que sea, se piensa que el político que le pide su apoyo está en realidad diciéndole que lo que quiere es que le vote, ¿verdad?

El pasado fin de semana, con las elecciones catalanas de por medio, pensaba en otra vieja costumbre (con rango de ley, eso sí) de que el último día antes de la votación sea una jornada de reflexión. A estas alturas y con el bombardeo (en el sentido beligerante de la palabra) informativo al que nos vemos acosados diariamente ¿es necesario reflexionar un único día para decidir nuestro voto? Es más, ¿el hecho de no ver mítines en directo (que sí los del día anterior, o el resumen de campaña) nos ayuda de alguna manera a nuestra decisión?

En fin, estas son solo viejas costumbres que en algún momento tuvieron sentido pero que ya no aportan nada a una nueva democracia que no se basará en cambiar estas pequeñas cosas, pero que sí debería hacerlo.

¿Qué contar?

Que vivimos tiempos complicados (¿algún momento de la historia se puede considerar que no lo ha sido?) es una obviedad. Vemos como hay demasiada gente sin empleo y demasiada sin ganas siquiera de tenerlo, países rescatados por rescatar a los que nos prestaron el dinero de las casas que ya no podemos pagar, periódicos que llevan demasiado tiempo hundiéndose y que ya no disimulan sus preferencias políticas, a fin de arañar algún voto (porque ya no leemos información, solo lo que nos interesa) y todo esto mezclado y agitado con unas nuevas tecnologías que nos permiten conocer lo que pasa a miles de kilómetros en el mismo preciso momento en que suceden.

El mundo cambia y los cambios nunca son fáciles. Los seres humanos somos costumbristas por naturaleza y, salvo raras excepciones, no hacemos más que aportar pequeñas variaciones a las que llamamos, más o menos, progreso. Pequeñas variaciones que suponen que algo sea un poco más rápido, un poco más grande (o más pequeño) o simplemente un poco diferente. Pero parece que el mundo se ha vuelto loco durante el último cuarto de hora y ni siquiera podamos entender las manecillas del reloj.

Y ante este panorama ¿qué contar? ¿Existen de verdad certezas a las que aferrarse o más bien nos aferramos para que así se conviertan en certezas? ¿Quién sabe de verdad que pasará mañana con nosotros? ¿De qué sirve este blog o aquel otro, o esa tertulia o ese debate? ¿Servimos, de un modo práctico, real, tangible y útil a alguien? No lo sé. Quiero pensar que sí (me aferro a ese clavo para convertirlo en certeza) y por eso escribo por aquí, de vez en cuando, aunque no sean tantos los que leen y menos los que comentan de vuelta.

Las “verdades de Pons” y las mentiras del PP

Esteban González Pons, en una rueda esta mañana ha dicho que “El patriotismo empieza por decirle la verdad a la gente”. Así ha titulado el gabinete de prensa del PP su intervención, que nadie sospeche de mí. Y estoy totalmente de acuerdo con él. Y a la cabeza me vienen algún ministro que nos mintió con asuntos muy graves no hace mucho, pero eso ya sí son cosas mías…

Pero es curioso que el titular de la nota de prensa hable de decir la verdad cuando dentro de ella omiten una frase que no da lugar a dudas y que también ha dicho González Pons: hoy sabemos que hubo ataques especulativos contra Grecia pero Grecia había mentido, ha habido ataques especulativos contra Irlanda y parece que Irlanda va a tener que decir otra verdad de la que tenia publicada, nos gustaría que lo que este diciendo el gobierno de España sea en todo momento la verdad y le exigimos que diga la verdad que no miente, esa es su costumbre.

¿Por qué ha omitido el PP esta parte? ¿Es patriotismo decir/insinuar que el Gobierno está mintiendo? ¿Tiene pruebas para decir esto o es un brindis al Sol? Porque si tiene pruebas los españoles estaríamos encantados de conocerlas, pero si es mentira ¿qué busca González Pons? Lo único que puede conseguir es desprestigiar a nuestro país y hacer que “los mercardos” nos apunten con más fuerza, algo impropio de un patriota. Un patriota que pide que se diga la verdad. Curioso porque ¿está diciendo la verdad el comunicado del PP cuando omite esta grave acusación?

Audio de las declaraciones

Nota de prensa del PP

Desde el extranjero

Este post lo escribe Helana Écija, amiga y artista, que ha venido ilustrando algunos entradas de este blog durante las últimas semanas. En tiempos de crisis, le he pedido que nos cuente un poquito su vida desde allí fuera, más o menos como aquella conversación que tuvimos cuando visitó Madrid el pasado invierno. Conoce, por supuesto, muy bien España. Y nunca, nunca, viene mal tener una perspectiva un poco alejada de nuestra mirada diaria.

Me fui de España llorando. Hace 3 años y 3 meses me fui de casa de mis padres, de Madrid, de todo lo conocido para irme a Chicago a estudiar un año en The School of the Art Institute mi último curso de Bellas Artes. Acabé mi carrera, trabajé duro en la escuela, encontré un novio yankee, busqué trabajo, y me contrataron como ilustradora en una empresa de juguetes en Chicago. Me ascendieron a Directora de Arte en Abril. Y aquí sigo, ¿volvería? sin duda, pero aunque echo de menos la morcilla , siento que no debo. Hoy por hoy, me gusta mucho mi trabajo y las perspectivas de encontrar algo similar a lo que hago en España son más bien nulas. Este es mi momento de aprender y de exprimir al máximo la oportunidad que se me ha brindado.  Aquí cuando valoran a un trabajador lo hacen en serio, hay posibilidades de ascender y de mejorar tu sueldo, y a mí me lo han demostrado.

Sin embargo, una de las cosas que he aprendido es, sin duda, a valorar España. No siempre hacemos las cosas bien, ni nuestros políticos son los más entregados, ni todos los sistemas funcionan, ni los salarios son como nos gustarían… Probablemente los salarios son mas altos aquí que en España, pero todo tiene un precio. En EEUU solo hay 6 días festivos en comparación a los 14 españoles. No existe la “baja”, solo tengo 3 días para ponerme enferma al año, lo que significa que si me rompo una pierna tengo que seguir yendo al trabajo y si me rompo una mano se me suspende el sueldo o tengo que usar mis vacaciones hasta que se me acaben. Hay gente que si le ingresan en el hospital pierde su trabajo. Olvídate de la seguridad social.  ¿He mencionado que el trabajador medio tiene 8 días de vacaciones pagados al año?. Yo empecé con 10, todo un lujo. Mi tipo de sueldo es “salary” y no me pagan horas extras, y de verdad que hago.

No hay contratos temporales, todos somos “fijos” desde el día 1. Pero te pueden despedir en cualquier momento. Evidentemente si te despiden, no no te dan nada, ni indemnización, ni finiquito, ni nada. Al menos si que cobran paro si han trabajado más de 6 meses.

En España, muchos se quejan de los impuestos, pero creedme, merece la pena pagar por sentirte seguro, poder ir al médico sin miedo a la factura, y saber que si algo te pasa no vas a perder tu casa por lo que cuesta el hospital.

Desde luego hay cosas muy buenas por estos lares también. Las películas las estrenan antes, podemos ver la ceremonia de los Oscar sin que sea de madrugada, te ponen vasos de agua en los restaurantes nada mas sentarte, mis euros valen más, los sueldos son más altos, y los ordenadores más baratos. La factura de móvil no, esa es más cara.

Demostrado está que el sistema americano no es el mejor del mundo y el español probablemente tampoco lo sea. Pero lo que trato de contar con todo este parrafote es que hay que fijarse en lo bueno que tenemos en España, quejarse solo un poquito y ponerse manos a la obra para arreglar lo que no es tan bueno. Que el que se queja rascándose la barriga en el sofá no soluciona nada.

Aprecia lo que tienes, que ya lo echarás de menos.

Nos vemos en Madrid.

Si te pega No te quiere, No te dejes

Juventudes Socialistas de España ha sacado su nueva campaña contra la Violencia de Género. Se trata de concienciar a la gente de que ciertos mitos, como el de “quien bien te quiere te hará llorar”, no sólo son falsos, sino que además reproducen comportamientos machistas que, desgraciadamente, acaban muchas veces con violencia sobre las mujeres.

Violencia que acaba con muertes, que no se nos olvide. No hablamos ahora de igualdad de sueldos (que también), de oportunidades de trabajo (que también), de compartir tareas, responsabilidades (que también). Hablamos de dolor, físico y mental. Hablamos de vidas que se acaban y que no volverán.

…y papá Estado dijo No a Gallardón

No es la primera vez que este espacio nombro a Gallardón (al que, las pocas veces que le nombro, le pongo de banda sonora “Desaparecido” tras su fracaso en sus tentativas con los JJOO. Fracasos que dijo que asumiría dimitiendo y luego no ha hecho…). Y de sobra es conocido que no está entre mis políticos más afines. Es cierto que dentro del PP tiene una imagen de progre (solo hay que repasar las entrevistas a Rajoy y al propio Alcalde de Madrid) que tampoco es tan real, pero lo verdaderamente preocupante, como madrileño, es ver lo derrochador que es.

Madrid tiene una deuda 7.145 millones de euros. Una deuda que era alta pero se multiplicó con la construcción de los túneles de la M-30. Una M-30 que, es cierto, está mucho más bonita, pero que sigue sufriendo atascos y que no ha venido a resolver los problemas de movilidad que nos prometieron. Y que ha supuesto, como vemos, una deuda desorbitada. Las consecuencias de esta deuda no son sólo pagar más (tiempo) y más (intereses), sino que ya no tenemos dinero ni para proveedores (ese fue el lamento quejicoso de Gallardón en la rueda de prensa en Moncloa) ni para tener instalaciones abiertas. Ese es el verdadero precio que nos ha costado Gallardón a los madrileños.

Y esta bien ver llorar a Gallardón por algo que veníamos reclamando desde hace tiempo: que dedicase el dinero a otras prioridades (véase educación, deporte, sanidad, accesibilidad para minusválidos…). Y digo que esta bien porque en el imaginario colectivo (y Rajoy quiere hacer bandera de ello) siempre se dice que la derecha gestiona mejor los recursos. A veces, no hay nada como la puta realidad como para desmitificar.