Este fin de semana, como seguramente ya sabrás, lo he pasado en, seguramente, una de las ciudades más especiales del mundo: Venecia.
Por su forma, su historia, sus canales, sus góndolas, sus iglesias (¡más de 200!), sus puentes, sus atardeceres… se ha convertido en un referente (seguramente demasiado) del turismo mundial. Pero al menos he tenido la oportunidad de verla con calma, sin demasiado turista. Y con buen y mal tiempo. Incluso con aqua alta.
De Venecia me quedo con dos cosas:
- Su encanto detrás de cada esquina. Es algo raro, pero uno va por un callejón (de los miles) y de repente ¡Zas! se encuentra con un sitio mágico, un puente diferente o una iglesia monumental.
- ¡Qué tranquila es una ciudad sin coches!
Os dejo unas fotos.





