Otto se muda a… Canal Sur

Muchos recordaréis que hace años publiqué, junto a la magnífica Helena Écija, el libro Otto se muda a Villacuadrado.

El libro, desgraciadamente, está descatalogado, pero aún nos sigue dando algunas alegrías. Esta mañana he participado en el matinal de Canal Sur Radio “Aquí estamos” con Rafa Cremades, para contar cómo Otto afronta su mudanza e intentar ayudar a padres y madres a afrontar con los pequeños estos momentos, que siempre pueden ser difíciles o delicados.
Aquí tenéis el link del programa. Empiezo en el 1:33:00

Como os decía, el libro ya no se puede comprar pero yo aún tengo algunos ejemplares. Así que si alguien está interesado en leerlo o regalarlo, puede escribirme a hola@antoniocartier.es

Ir al psicólogo

Hace unos días pudimos ver en televisión un programa en el que se hablaba de la depresión. Jordi Évole consiguió que un grupo, encerrado un fin de semana en una casa rural, se relajara y confiara para contar sus miedos, sus dudas, su agonía, su sentimiento de estar muriéndose…

Uno de cada cinco cuenta lo que no nos atrevemos a contar.  Porque uno cuenta con normalidad que ha ido al médico a hacerse una analítica, a que el endocrino le mande una dieta, a que el alergólogo te recete una vacuna o que el traumatólogo te trate esa rotura… Estás malo y vas al médico. Sin más. Es lo lógico, para eso están.
Pero no pasa lo mismo con la cabeza. Si uno tiene depresión, ansiedad, miedos o si simplemente se siente perdido la sociedad nos manda aguantar. Y si no eres capaz de salir adelante, de superarlo, la culpa es doblemente tuya, que no eres lo suficientemente fuerte. Enfermo y humillado.

Por eso programas como este o el valiente artículo de Iria Reguera Soy psicóloga y sufro ansiedad son tan importantes.

Hace unos meses pasé una de las etapas más complicadas de mi vida. Afortunadamente lo mío no era, ni de lejos, tan grave o tan importante como la depresión o la ansiedad. Pero aún así fui al psicólogo. Y me ayudó. Y bastante rápido. A veces pienso que fue tan rápido porque la psicóloga era muy buena, otras porque yo soy muy fuerte, otras porque en realidad no era para tanto… Quizá hubo un poco de todo.

Lo más importante que aprendí en aquellas sesiones es a no tragarme mis necesidades. A pedir, a reclamar, a no ceder… A veces, de forma involuntaria vamos dejando que se nos escapen ciertos espacios que, sean grandes o pequeños, son importantes para nosotros. Y esos hay que defenderlos, pelearlos. Y no sólo ante otros, también ante nosotros, ante nuestras excusas, nuestra pereza o justificarnos que no es para tanto.

Sin embargo, hasta hoy, apenas unas pocas personas saben que he ido. No hablo sólo de redes sociales. No lo saben muchos amigos ni lo saben mis padres. De alguna manera yo también lo oculté. Y eso se acabó. Hay que hablar de lo que nos pasa, hay que pedir ayuda a los profesionales cuando la necesitamos. No pasa nada, no somos superhéroes, no podemos con todo todo el rato.

Pd: Papá, mamá, la psicóloga me dijo que, cuando llegara este momento, el de contaros que había estado en terapia, os diera la enhorabuena de su parte. Y de la mía, hoy y siempre: GRACIAS.

Restaurante La Cabra

Hace unos días Marta y yo fuimos a celebrar una fecha especial a La Cabra. Buenas referencias, una página web muy chula y 1 estrella Michelín nos hicieron decantarnos por esta opción.

La Cabra. Foto de ABC
La Cabra. Foto de ABC

Decidimos ir a comer en lugar de una cena. Siempre que podemos preferimos hacerlo así. Nos evita irnos a la cama muy llenos y además podemos hablar sobre la comida durante la tarde, para valorar mejor lo que hemos probado.

Espacio suficiente entre mesas. Decoración simple, casi minimalista. Un hermoso y gigante cuadro de un ojo psicodélico. “Cuernos” de metal a ambos lados. Ambiente tranquilo.

Nos decidimos por el Menú Desgustación “corto”. Son 9 platos (uno de ellos con 4 partes) y dos postres. Ya os adelanto que no salí con hambre, com mucha gente piensa en este tipo de restaurantes. También es verdad que eché en falta “algo más”. Glotón que es uno.

Menú degustación

 

Los entrantes son correctos. Para nosotros el mejor fue, sin duda, el chipirón: suavísimo y con mucho sabor. A mi el palito de rabo de toro me gustó mucho, especialmente por la salsa de lima que le acompañaba, aunque me pareció excesivamente pequeño.

Un punto a favor (y se repetiría con los platos) es la variedad. Cada plato, mejor o peor, era diferente al anterior.
Otro punto a favor es la vajilla. Soy un enamorado de las vajillas raras y diferentes y La Cabra sabe explotarlo a la perfección.

Pido perdón desde ya por no hacer fotos. Pero me apetecía disfrutar del día y de la comida sin pensar en el después.

Todas las que viene a continuación están sacadas de Tripadvisor. No hay de todos los platos, pero os hacéis una idea.

Arriba “Crujiente de piel de salmón de anguila”. Abajo “Burrata”

Rabo de toro. (lo de abajo es una piedra/plato)

Y empezamos con la comida. Primero “Guisantes, cebolla y crujiente de ibérico”. No puedo decir que estuviera malo, porque sería mentira. Pero no lo recordaré. Lo mejor era la presentación en una especie de tronco de árbol.

Bacalao. Una pequeña decepción. De las cuatro partes la primera no nos dijo mucho, la segunda tenía un toque de parrilla que hacía que supiera mucho a quemado y la tercera no tenía mucho sabor. Pero la cuarta, la cuarta… el mochi ¡MOCHI! Uno de esos platos que hacen que la comida valga la pena. Para pedir uno detrás de otro.

Y justo detrás el HUITLACOCHE. Otra maravilla. EL Huitlacoche es un producto que ya habíamos probado en DiverXO. Se trata de un hongo que crece en el maíz. En este caso lo acompañan con una crema de maíz (parecían natillas) y kikos. Un plato de 10.


HUITLACOCHE. SÍ, EN MAYÚSCULAS.

Después llegó el salmonete con crujiente de escamas cítricas. Muy bueno. Con mucho sabor y con mucha gracias las escamas, tanto por sabor como por texturas.
Y llegamos al tercer 10 de la comida. La Pluma Ibérica. Tan suave que se podía cortar con el tenedor. Y con un crujiente (en la foto se ve perfectamente) delicioso que le daba un plus. A la camarera le dejé caer que si me servía otro no me importaba…


Pluma ibérica.

Y los postres. Bien. Nada que objetar. Pero no nos enamoraron. El primero un conjunto de helados que ni fu ni fá. El segundo, todo de chocolate en diferentes texturas y formas mucho mejor. Pero es poco arriesgado para un restaurante de este nivel. No digo que yo pudiera hacerlo PERO.

En resumen, un menú con muchos altibajos: platos que ni fú ni fá y otros maravillosos. Me gustaría volver dentro de unos meses, cuando cambien el menú, para ver si corrigen estas cositas, especialmente con el bacalao y mejora el nivel, que el precio lo exige.
Además, al acabar tuvimos un pequeño “incidente” porque se olvidaron de traernos la cuenta. A punto estuvimos de irnos haciendo un sinpa… pero fuimos buenos.

Está en: Calle Francisco de Rojas, 2


Precio: 77 euros / persona.

 

DiverXO

Confieso que soy un poco obsesivo. Siempre lo he sido. Cuando algo me gusta lo busco, lo investigo, lo sigo hasta conocerlo como si fuera algo mío. Me pasa en el trabajo, donde, esté donde esté, me lo tomo siempre como si la empresa fuera mía. Y me ha pasado a lo largo de mi vida con gente como Michael Phelps, Iván Ferreiro, Beckham, Kilian Jornet… y una larga lista de personajes e instituciones con la que no merece la pena aburriros. Tranquilos, nunca les he perseguido hasta su casa. Tampoco quiero decir con esto que sea un fan de todas mis obsesiones. Hay gente que me llama mucho la atención y que no me gusta nada o que tiene ciertos valores con los que no estoy de acuerdo.

El caso es que una de mis últimas obsesiones fue DiverXO y su chef Dabiz Muñoz. El culpable de descubrírmelo fue mi amigo @luisete en este post de hace más de un año. Desde entonces he leído mucho sobre este restaurante. Bueno, creo que con el boom de la tercera estrella michelín todos hemos leído o escuchado a Dabiz, no? El Chester de Risto, la entrevista con Gabilondo, crónicas en los periódicos, blogs… Y no sólo leer, porque varias veces he ido a comer a StreetXO, lo que llaman la versión low cost. Y el tío encima es de La Elipa. Y runner.

Hasta ayer. Porque ayer estuve, por fin, en DiverXO.

(Nota, no hice fotos de los platos. Si queréis verlas tenéis muchas en el twitter de @dabizdiverxo y en este otro post de @luisete

Lo primero que uno ve al entrar son círculos hipnóticos, mariposas, cerdos con alas y hormigas gigantes plateadas. Ambiente distendido y camareros con petos verdes y gafitas redondas. Parecen los gnomos de la fábrica de juguetes de Santa Claus. Nos ponen en una mesa redonda. Grande. Blanca (todo es muy blanco, muy limpio). Butacas muy grandes y cómodas. Elegimos el menú menos largo (no se puede decir corto…). 8 lienzos. Comienza #ElXow

No es fácil, después de tantos meses esperando (y ahorrando, hay que decirlo todo) que la comida esté a la altura. Sí, joder, es un Tres Estrellas Michelín, pero es que las expectativas estaban tan altas… Y sin embargo cuando entras todo eso empieza a darte igual. Porque te tratan con cercanía, con la frescura de quien te invita a comer a su casa y espera que lo goces (y claro, tú vas y lo gozas) y no con la cara de quien hace eso todos los días (que claro, ellos lo hacen todos los días, y lo notas en lo bien que se coordinan). Y empiezas picando unas palomitas (sí, palomitas de maiz) y a probar sabores, texturas, mezclas… y das gracias por tener esa lengua de plástico entre los cubiertos (que cambian constantemente) para poder rebañar las salsas, que no quede nada. Y los lienzos van pasando uno tras otro. Y lo más sorprendente es que ninguno se parece. Y todos están buenos, muy buenos, jodidamente buenos. Salsas, carnes, pescados, cabezas de marisco que crees que son decorado y no, cosas que no sabías ni que existían y que están ahí no sólo por raras, sino porque están muy buenas. Y postre. Y cuando crees que has acabado: otro postre, que encima consta de dos partes y que lleva cosas como aceite, pica pica y polvo de aceitunas. No digo más. (Ahora entendéis que no pueda hablar de menú “corto”). 

Dos horas y algo de comida. Sin prisa pero sin pausa. Todo medido, para no agobiar ni que tampoco pases ratos muertos. Pido un café. Se acercan a nosotros y nos dicen “¿Queréis otro postre?”. Sólo había una respuesta: “Claro, aquí hemos venido a jugar”. Sabe a violetas.

Esto se acaba… pero no, nos invitan a otro café.

Ahora ya sí. Pagamos (sí, es una pasta. Y sí, repetiré en cuanto pueda). Pero aún hay más, Y una última sorpresa: nos invitan a pasar a la cocina. Enorme, limpia, llena de gente. Yo, que trabajo en Salycop, donde hacemos cientos de kilos de comida al día de forma casera, alucino viendo cómo su cocina, para dar de comer a 30 personas, es más grande que la nuestra. Charlamos con el jefe de sala, que nos cuenta cómo han ido creciendo, nos habla de la inauguración del nuevo local de StreetXO, de la enorme plantilla que tienen… Y sí, aquí acabó nuestra visita.

Ya estoy deseando volver.

 

¿Casco obligatorio en la bici? Sí, por favor

Uno de los últimos y al menos en mi caso (y como este es mi blog hablo de lo que quiero) temas de debate de la red trata sobra la reciente modificación del Código de Circulación que obliga a los ciclistas al uso del caso. Para mi sorpresa, mucha gente se ha lanzado en una campaña* para pedir la retirada de esta norma por “el bien del ciclista”.

Vaya por delante que me considero ciclista en la medida de que tengo bicis y de vez en cuando salgo con ellas. A veces a entrenar y a veces, y como hice durante años, para desplazarme por Madrid. Aclaro esto porque ha habido gente que me dice “tú de esto no entiendes, porque eres ciclista deportivo”. ¡Ya me gustaría a mí! Pero si te crees que porque mi bici no lleve cesta yo soy Lance Armstrong inflado de mierdas volando a 50 km/h te vas a llevar una gran decepción. Por no hablar de que, hasta salir al campo o a la carretera, voy por ciudad igual que el resto.

A partir de aquí me voy a basar en dos cosas:

1- El casco amortigua golpes: Sí, el casco no es dios. Si vas a 200 km por hora o si te lanzan un misil tomahawk el casco no te sirve nada. Igual que no te sirve de nada llevarlo en la obra si se te cae el edificio entero. Igual que al policía no le sirve el chaleco antibalas si le disparan en la cabeza. Pero, a pesar de todo eso, protege y amortigua los golpes, absorbiendo parte del impacto. A veces, sí, es insuficiente. Otras, sin embargo, es la diferencia entre la muerte/lesión y quedarte en un susto.

2- Con la posibilidad de salvar una sola vida o una sola cabeza, a mí me compensa. Sé que es un criterio personal y por tanto subjetivo. Pero tengo esa manía. Nadie es perfecto.

Si no compartes ninguna de estas premisas puedes dejar de leer aquí. Será mejor para todos.

Bien, si estás aquí es que compartes que el casco amortigua los golpes. Es decir, que funciona sólo cuando ya te lo has dado, no antes. La cuestión es que ese golpe contra el suelo te lo puedes dar porque te atropelle un coche, porque una anciana se cruce en el carril bici, porque te despistes viendo como un chico/chica guapo/a corre a tu lado  o, simplemente, porque tomes una curva con el suelo mojado o con arena, o porque ese bordillo esté un poco más alto de lo que pensabas… Caerse es tremendamente fácil y no es sinónimo de ir muy rápido. De hecho, es mucho más frecuente caerse en zonas relativamente fáciles y sin complicaciones, por relajación. Esto, para lo que no tengo más datos que mi experiencia, es comparable (para lo que sí hay estudios) con el motivo por el que las autopistas tienen curvas: que no te confíes y te relajes. Pero además de por una caída, uno puede sufrir otros golpes frecuentes mientras monta en bici: piedrecitas que saltan de las ruedas de los coches (¡por eso hay que montar siempre con gafas!) o esas ramas de los árboles que necesitan ser podadas. No hablo de meterse en medio del bosque, basta con ir en un carril bici junto a un parque o unos setos. Quizá uno no se vaya a morir por estas cosas, pero no le deseo a nadie un golpe de este tipo.

En resumen, en caso de accidente, es mejor llevar casco que no hacerlo. Ahora bien, lo ideal, claro, es que esos accidentes no se produzcan. Y para esto necesitamos lo que se viene llamando “Cultura Ciclista”. Esta cultura no sólo significa que la gente cuente con la bici como posibilidad para ir a su centro de trabajo o estudios (o ocio), sino que toda la sociedad lo entienda como tal. Desde esa viejecita de la que antes hablaba, que se cruza el carril bici pensando que es SU acera, hasta esos coches que nos ven como un estorbo, pasando por esos ciclistas (que los hay y son muchos) que se saltan los semáforos en rojo porque “soy una bici”.

En este tema podemos y debemos profundizar mucho más, puesto que son muchas las medidas que se podrían llevar a cabo, desde los nombrados carril-bici, modificar los anchos de los carriles o reducir el número de estos, bicis públicas, zonas de aparcamiento de bicis, mayor seguridad contra el robo… Pero me quedo con una, que es la que más se ha venido usando en estos debates: a mayor número de ciclistas, mayor seguridad. Y me quedo con ella porque la comparto. Cuantos más ciclistas estemos en las carreteras, mayor seguridad. Porque el conductor se acostumbrará a nosotros y nos “esperará”.

Lo que no comparto es es el siguiente punto usado: con el casco obligatorio se reducen los usuarios de las bicis (y por tanto aumenta la inseguridad, como hemos visto antes). Al parecer, esta es la conclusión de la experiencia en Australia, un país con un estilo de vida mediterráneo como todos sabemos y de la que debemos aceptar todas sus conclusiones. También había estudios que decían que prohibir fumar en los bares iba a acabar con ellos… No discuto el dato de que en Australia fuese así, lo que discuto es que esto sea insuperable, que no podamos combatir las causas que han llevado a ello.

Suponiendo que, tras la implantación de esa norma mucha gente abandone la bici y suponiendo también que no existen más causas ¿Por qué alguien va a dejar de usar la bici si le obligan a llevar casco? A mí se me ocurren algunas respuestas:

a) “No tengo”. Válida, pero insuficiente. Hoy en día se puede comprar un casco por menos de lo que cuesta un abono mensual en transporte público y mucho menos de lo que alguien se gastaría en gasolina en ese plazo. Pocas inversiones hay que uno las amortice en un mes.

b) “Sudo más”. Cierto. Pero pocos (y cortos) trayectos de bici son los que uno no suda nada, por lo que entiendo que quien ya usa la bici tiene este asunto cerrado y dispone de ropa para cambiarse, ducha, toalla… Además, el sudor se concetra sólo en la cabeza, lo que nos lleva al C

c) “Me despeino”. Pues vale, te peinas al llegar. Simple. Y si crees que tu seguridad está por debajo de tu estilo, haznos el favor de golpearte contra el suelo pronto. Gracias.

d) “No tengo donde guardarlo”. Quizá la que más sentido tenga. Pero no es un bulto demasiado grande, por lo que se puede llevar en una mochilita o en un bolso grande. Aún así, me parecería una buena idea que los aparcabicis  tuvieran unos “buzones” para almacenar ahí nuestros cascos, junto a la bici.

Seguro que hay más quejas… Pero ninguna es imposible de combatir. En este país hemos visto como en apenas 10-15 años prácticamente todos usamos el cinturón de seguridad, cuando antes ni siquiera era obligatorio tenerlo en los asientos traseros. Apenas quedan motoristas que no usen el casco (y que ponían el mismo recelo a usarlo). Quienes beben y después se ponen al volante cada vez son menos. Los bebés van en sus sillistas especiales. E incluso estamos concienciados en que hay que parar a descansar en los viajes largos. Es decir, que las campañas de tráfico funcionan. Quizá no a corto plazo, pero sin duda lo hacen a medio y a largo. Y eso es lo que nos hace falta, conseguir entender que las bicis son vehículos de transporte tan necesarios y respetables como el resto, o más, porque contaminan menos. Y aportar todas nuestras energías a eso y no a campañas que van contra nuestra seguridad.

Ir a trabajar, a estudiar o de ocio en un medio de transporte o en otro, es una decisión que se toma teniendo en cuenta muchos factores. Querer reducir el debate a “si obligan a usar casco casi nadie irá en bici” es absurdo. Hacerlo en un país que está a la cola en este medio lo es aún más, porque no rompes con vicios de décadas. Hacerlo, cuando somos un ejemplo de que las leyes pueden modificar nuestro comportamiento en sociedad, roza el insulto.

Ojalá todo este esfuerzo que algunos hacen en luchar contra la obligatoriedad del casco lo hicieran también por concienciar en el respeto al ciclista.

 

* Lo siento, no voy a enlazar algo con lo que no que no estoy de acuerdo.

Un apunte sobre el bipartidismo

Uno de los mantras que se han venido repitiendo en los últimos dos años, es que el bipartidismo es el eje del mal, que estamos en crisis por su culpa, que debe desaparecer sea como sea.

Como casi siempre, una parte de verdad se lleva por delante el argumento. Porque el bipartidismo, es cierto, nos ha llevado donde estamos, en crisis. Pero también nos llevó hace no mucho a estar donde estábamos, lo cual no era tan malo, verdad? Teníamos Sanidad, Educación, Becas, entramos en la UE… sí, claro, había mucho que mejorar. Pero España hizo, más o menos, en 30 años lo que el resto de Europa en 70. Las prisas, claro, no son buenas. Y hoy pagamos nuestros errores más los errores comunes en un mercado globalizado.

El bipartidismo no es bueno ni malo en sí mismo. Hoy por hoy, es cierto, está acabado. Pero lo está porque esos dos partidos lo están. Si uno de ellos hiciese las cosas medianamente bien, probablemente estaríamos en un monopartidismo. De hecho, vivimos en un monopartidismo de facto, pero es que nos dirige un teletubbie.

El bipartidismo, en contra de lo que se dice, tampoco fomenta la corrupción.

¿Y después del bipartidismo, qué? Porque lo que vemos, con gente como Toni Cantó, Cayo Lara o Duran i Lleida no es precisamente mucho mejor de lo que tenemos. Claro, hay que verles gobernar y esa es una duda que siempre tendremos. Hasta que gobiernen, si es que lo hacen. Pero nadie me negará que ilusionar, precisamente, no hacen.

Está claro que debemos buscar cambios en nuestro sistema, que debemos buscar cambios para nuestros partidos políticos, que necesitamos (mucha) más transparencia, que necesitamos una justicia mejor (y especialmente, más rápida), que necesitamos hacer muchas cosas. Pero especialmente, necesitamos no equivocarnos de objetivo.

Pd: como sé que siempre hay malentendidos sobre estas cosas quiero aclarar que no, este no es un artículo pro-bipartidismo. Más bien es un artículo contra uno de los argumentos anti-bipartidismo. Simplemente.

Pd2: Si hoy hubiera elecciones no votaría al PSOE.

Mi primer Ironman

Decía el otro día en los objetivos para el 2013 que quería acabar otro Medio Ironman. Pero a veces hay que escuchar a ese angelito rojo (algunos lo llaman demonio, pero no lo tengo yo muy claro…) que se te aperece, por ejemplo, en forma de amigo y te dice que eres capaz de hacerlo, que hay tiempo, que el precio es muy bueno, que… que lo hagas, coño!

Y vas tu y lo haces. Apuntarte, al menos. Que es el primer paso. Aunque no tengas del todo claro que de verdad seas capaz, que tengas el tiempo suficiente… que lo acabes.

Así que en esas estoy. Apuntado al Tri Iberman. Será el 5 de octubre. Serán 3.8km de natación. 180km de ciclismo. Y de postre 42 kilómetros, un maratón.

Es el doble de distancia que el Half Challenge. Pero sé que va a ser mucho más que el doble de duro. Eso sí, allí tuve 10 semanas de preparación. Aquí tengo 10 meses.

Y muchas ganas.

#Cartyobjetivos2013

Se acaba 2012. Un año que recordaré siempre. Este año he corrido mi primer maratón. He acabado mi primer Medio Ironman. He co-fundado mi empresa. He cambiado de empresa. He publicado mi libro… Entre otras muchas cosas.
Pero es momento de pensar en qué haré en el 2013. Aquí va una pequeña lista:

1) Sacar adelante Lapsus Calami.

2) Emprender.

3) Dar una sorpresa grande a mi chica (no puedo ponerla, porque no la he decidido… y además, ella lee esto. Ya no sería una sorpresa.)

4) Escribir (y publicar) más cuentos.

5) Estudiar.

6) Leer. Mucho.

7) Quedarme en 75 kilos (o menos).

8) Correr otro maratón.

9) Acabar otro Medio Ironman.

10) Escribir más en este blog.

Compra “Otto se muda a Villacuadrado”

Hace un año por estas fechas os contaba que Helena Écija y yo habíamos ganado un concurso de cuento infantil con nuestro libro “Otto se muda a Villacuadrado”. Hoy os cuento que, tras mucho esfuerzo y trámites burocráticos, Otto ya está a la venta en la iBookstore de apple.

Los problemas sobre cómo montar algo en este país los dejo para otro día. De momento me quedo con la buena noticia.

De las ilustraciones que dibujó Helena poco puedo decir, porque a mí me encanta todo lo que dibuja esta chica desde aquellos lejanos años de instituto  donde la conocí. Creo que con ver la portada uno ya se hace a la idea.

El libro, que tiene tanto el texto como el audio en inglés y español, está pensado para los más pequeños. Con él, queremos que se inicien a la lectura y que aprendan la importancia del respeto a los diferentes a través del juego. ¡¡Y no os cuento más!! Bueno sí, que el pecio no llega a 3 euros y medio… Barato, no?

Espero que os guste y que les guste, especialmente, a los más pequeños. ¡A mis sobrinos les encanta!

Otto se muda a Villacuadrado - Helena Écija & Antonio Cartier

Por qué no haré huelga

Como muchos de los habituales de este espacio sabrán, soy militante socialista. Bueno, militante es un decir. Lo fui. A día de hoy sólo pago mi cuota. De eso ya he hablado alguna vez. Lo que no sé si saben por aquí es que durante tres años y medio he trabajado en UGT Madrid. De hecho, puedo decir que “he sido UGT Madrid en las redes”, o lo que me han dejado. Mi trabajo, del que me marché por una mezcla entre una mala situación (acabábamos de vivir un ERE), desacuerdos personales y políticos con una oportunidad de un trabajo con mayor calidad de vida (aunque menor sueldo, que no todo es dinero en esta vida), consistía en llevar la imagen del sindicato en las redes sociales, dentro del plan global de comunicación (que dicho así suena muy bien, pero eramos cuatro personas que hacíamos lo que podíamos). Conste en acta también que cuando abandoné mi trabajo pedí mi baja del sindicato. El motivo fue escuchar al entonces “mi secretario general” decir que de esta situación habría que salir trabajando más y ganando menos. Creo que os sonará ese discurso.

Antes de la anterior huelga general ya comenté allí (y nadie me escuchó) que la estrategia no era la acertada. En una situación de crisis, al gobierno una huelga general no le hace daño, porque hay mucha gente que no se la puede permitir. Podemos hablar de que son unos vendidos, unos anticompañeros o lo que queramos. Pero, literalmente, hay gente que sin el día de huelga no puede llegar a fin de mes. En ese momento propuse que se hicieran grandes manifestaciones los fines de semana, porque ahí sí que se puede sumar todo el mundo que quiera. De hecho, esto se empezó a hacer después y se ha visto que esas manifestaciones han sido un éxito (no, no las hicieron porque yo lo dijese, que ya digo que nadie me hizo caso).
¿Supone esto que no creo en la huelga? Para nada. La huelga es un derecho y una herramienta. Y como todas las herramientas, hay que usarlas en el momento y lugar apropiado. De hecho, mi propuesta también hablaba de hacer huelgas indefinidas en aquellas empresas que manifiestamente maltrataran al trabajador o hicieran ERE´s especialmente duros. Es decir, focalizar las acciones en aquellas empresas que hacían lo que nos parece mal, no atacar a todas por igual.
Actualmente trabajo en una empresa mediana. Una de esas miles de pymes que son el 80 o 90% de nuestro tejido industrial. Somos poco más de 30 trabajadores. Cobramos puntualmente, sueldos decentes. Tenemos nuestras medidas de seguridad, nuestros reconocimientos médicos y no hay más presión que la propia de sacar adelante los pedidos. ¿Por qué tendría entonces que hacerle una huelga a mi jefe? Él ya tiene la posibilidad de echarme o de pagarme menos y no lo hace. ¿Debo hacer una huelga preventiva contra él? Ya llevamos unos años en crisis como para saber de qué pie cojea cada uno… ¿De verdad si hago huelga estoy jodiendo a Rajoy o a mi jefe, el que me paga a final de mes? Sinceramente, creo que más al segundo que al primero.
Las huelgas no son un fin en sí mismas. El éxito de una huelga es conseguir algo, un cambio, una mejora… una promesa al menos. Yo no voy a conseguir nada de eso de mi jefe. Mi jefe ni apoya ni se lucra gracias a estos recortes.  No puedo, ni debo hacer una huelga que sí que le afectará a él. La lucha de clases no es contra todos los empresarios. Es, o debe ser, contra aquellos que se creen por encima de los trabajadores, que abusan de ellos, que les maltratan de alguna forma.
Vayamos entonces a manifestarnos frente al Congreso, o la Moncloa, o la sede de la CEOE. Hagamos huelgas en aquellas empresas que se lo merezcan. Pero no metamos a todos los empresarios en el mismo saco. Ahora mismo ellos, con los partidos de izquierda olvidados en cada elección y con los sindicatos en un momento de baja valoración, son de las pocas cosas que nos quedan a los trabajadores para tener alguna pequeña esperanza en este país.
Bonus extra: hice huelga en en el 2002, a Aznar. En aquel famoso 20-J de la ruin manipulación de Urdaci y el posterior Ce Ce O O. Tenía un pequeño trabajo de verano, pero me sumé. Eran otros tiempos y otras circunstancias. Si hoy estuviéramos en aquel momento quizá también la haría, no lo sé. No hice huelga a Zapatero porque estuve dos meses de baja por una enfermedad, pero la habría hecho igual que hice la primera a Rajoy: porque iba en mi puesto hacerla. Y que conste que para un sindicato, paradójicamente, no hay día de mayor trabajo que una huelga. Empalmé una jornada con otra  de casi 24 horas sin apenas dormir, tratando de hacer mi trabajo lo mejor que podía y sabía.