#retoecija nº14

Aquel niño vivía en el cuarto piso de un edificio horrible producto de una época en la que no importaba nada más que tener un techo donde dormir. Eran otros tiempos que él no conoció pero de los que conocía bastante por las historias que su abuelo le contaba cada domingo.

Aquel niño soñaba con volver a aquellos tiempos donde todo parecía posible. Ahora, sin embargo, su madre no paraba de llorar y todo lo que oía por la tele eran malas y malas noticias que no llegaba a comprender, pero que hacían que su padre gritase a la tele. Y eso, claro, no era bueno.

Por eso cuando miraba por la ventana soñaba y pedía al aire una solución para todo lo que estaba viviendo. Su casa ya no era alegre, ni divertida. Algo tenía que hacer… pero no sabía qué.

#14

 

Un día una paloma se posó en su ventana y él le empezó a contarle sus problemas. La paloma, lejos de irse, se quedó allí, escuchándole (o al menos, eso parecía). Cuando terminó de hablar, sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero se sentía mucho mejor. La paloma se posó en su hombro, hizo un ruido suave, y se marchó.

Cuando la vio salir volando, aquel niño, tuvo una idea. Le iba a proponer a su padre montar un negocio donde los animales cuidasen de las personas. No sólo con pájaros, claro, también con perros, gatos… especialmente con aquellos abandonados. Así, unos ayudarían a otros.

Su padre no supo decirle que no, aunque la idea no le gustaba nada. Pero sin embargo, funcionó. Y aquel niño que miraba por la ventana creció, pero nunca dejó de ser un niño que habla con animales.

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