#retoecija nº30 (y fin!)

Un ruido. Otro. Parecen pasos, pero están demasiado separados. Otro. Intento pensar, pero no consigo adivinar de donde sale ese ruido. Me levanto. Voy a dar la luz, pero en el último momento decido no hacerlo. Si hay alguien ahí se daría cuenta de mi presencia. Encuentro una vela. La enciendo. Salgo al pasillo. Otro ruido. Voy despacio. No hay nadie. Miro en la salón. Tampoco, pero sigo oyendo el ruido.

Veo en un reloj que son ya las tres de la madrugada. Creo que nunca antes había estado despierta a esta hora. Pero tengo que seguir investigando. Otro ruido. Estoy nerviosa. Tengo un poco de miedo, pero mucha curiosidad. Otro ruido. Miro en el cuarto de baño. Nada, aunque las cosas están un poco descolocadas. Alguien ha estado aquí hace poco. Otro ruido. No son iguales… cada ruido es diferente. Pero tengo que seguir, así que me dirijo a la cocina, el ultimo sitio que me queda. Tiene que estar ahí… Abro la puerta. Hay luz. Y…

 

#30

-Cariño, ¿qué haces levantada? ¿Y esa vela? Vuelve a la cama, que es muy tarde.

 

Con este texto concluye el #retoecija, que ha consistido en escribir un pequeño relato durante 30 días seguidos a partir de un dibujo realizado por  Helena Écija.

 

#retoecija nº29

Son las 6.45 de la mañana. Tengo mucho sueño, mucho… pero tengo que levantarme. Miro por la ventana y lo único que veo es lluvia cayendo. Y no lo hace en vertical, así que además hay viento. Odio estos días. Es imposible ir a ningún sitio y llegar sin mojarte los pantalones. Y luego te pasas todo el día con las zapatillas mojadas y… no lo soporto.

Pero tengo que salir. Así que me mentalizo y me imagino que otro día, en otro mes. Hacía calor, mucho mas calor. Yo no iba a trabajar sino a la playa. Ese no fue un día cualquiera, porque ese día te conocí. Tu estabas con unas amigas jugando en la arena y yo, solo, intentaba leer. Y digo intentaba porque era imposible apartar la mirada de ti. Desde entonces no he parado de pensarte.

#29

Hace ya muchos meses de eso, es cierto. Pero solo ese recuerdo puede calentarme en estos días de frío, lluvia y soledad.

#retoecija nº28

Convertirse en piloto no es nada sencillo. Cuando uno mira con perspectiva a veces parece que ha sido un camino fácil, marcado claramente y que simplemente había que seguir. Los malos momentos, en general tienden a olvidarse. Pero la realidad fue muy diferente.

Uno tiene que pasar por momentos de dudas, de sufrimiento y de nervios. Exámenes, pruebas, prácticas. Muchas horas. Demasiadas. Y lo peor es cuando estás en el aire y no te sientes seguro de estar controlando todas esas toneladas de metal. Ahora lo recuerdo y casi me da la risa. Pero es algo que hay que vivirlo.

Al final de todo ese tiempo de preparación uno empieza a vislumbrar que el esfuerzo sirve para algo. Y que ha sido necesario, y no solo por el aprendizaje en sí. Sino por todas esas experiencias paralelas. Hay que vivir y hay que sufrir. Lo justo, no más. Pero sufrir un poco para valorar lo que cuestan las cosas. Y aprender. Y mejorar…

#retoecija nº27

Otto es un niño de 7 años que tiene que mudarse a Villacuadrado porque a su mamá la cambian de trabajo. Al principio le cuesta mucho hacer nuevos amigos, hasta que su abuelo le da unos consejos para integrarse jugando.

#27

Este es un resumen del cuento ilustrado con el que Helena y yo ganamos el concurso ilustrado. Estas letras serán las que aparezcan en la portada del libro que irá a imprenta en menos de una semana.

#retoecija nº26

La primera vez que monté en una avión me quedé maravillada. Desde el mismo despegue decidí que quería ser piloto. A casi todo el mundo le suele impresionar volar. A unos en lado positivo y a otros en el negativo, pero es muy raro encontrarse con alguien indiferente al vuelo. Yo estaba enamorada.

Desde ese momento intentaba convencer a mis padres de ir de vacaciones a cualquier sitio lejano, o al menos, a una isla. Las islas me aseguraban, aunque no estuviesen muy lejos, que iríamos en avión. Lo importante no era el sitio. Era el viaje en sí mismo. Despegar, ver como se hacen pequeñas las casas, viajar entre nubes y luego ver como bajamos poco a poco, como nos acercamos a la tierra de nuevo para ¡plas! tocar tierra. Es magnífico.

#26

Ahora, que ya soy piloto y que despego y aterrizo varias veces al día, sigo manteniendo la misma ilusión que la primera vez. A veces me pregunto cómo puede ser feliz tanta gente que no hace caso a sus instintos, a sus sentimientos. Cómo pueden vivir sin hacer algo que les gusta, que les llena, que disfrutan de principio a fin. Seguro que todo el mundo tiene alguna pasión, pero también hay que tener el coraje para vivir por y para ella. Yo lo tuve. Y soy feliz.

#retoecija nº25

Lo peor de mi trabajo es tener que pasar casi una hora en un autobús para llegar y otra hora al volver a casa. Lo bueno de esto es que tengo bastante tiempo para leer, escuchar música o adelantar algo de trabajo. Como voy de principio a fin de la linea, siempre puedo sentarme, lo que me permite también echar algún sueñecito.

Pero hay veces que no tiene el cuerpo ni para dormir, ni para leer ni para nada. Son esos viajes los que aprovecho para observar a la gente e inventarme sus vidas. Como aquel señor trajeado que se bajaba en una de las primeras paradas y yo siempre pensé que en realidad estaba en el paro pero salía como cada día para que su mujer no sospechase. Luego se paraba en un bar cercano y pasaba allí la mañana insultando al gobierno.

O como aquellas dos mujeres a las que imaginaba abducidas por unos extraterrestres pues todos los días, todos, repetían la misma conversación, aportando los mismos datos y sorprendiéndose ¡oh! con las mismas cosas. O eso, o era robots. Pero no creo que a nadie se le ocurriese hacer un robot con arrugas.

#25

Pero a la que mas historias había creado era a una niña de unos 19 o 20 años con pecas. Mi mente la había imaginado como una chica universitaria enamorada del típico gilipollas de clase. O como una mujer de un pasado oculto que tuvo un niño con 16 años y que ahora se queda con la abuela mientras ella se dirige a un trabajo cualquiera. He imaginado también que era una actriz, no muy buena todavía, que iba de casting en casting buscando su oportunidad. Pero lo que más veces he imaginado es que un día se sentaba a mi lado y me hablaba, me contaba su vida, cómo se habia fijado en mi y que quería tomarse un cafe conmigo, para conocerme más.

Sin embargo, cuando despierto de mis pensamientos, solo escucho, de nuevo, las mismas quejas de siempre de esas dos señoras. Son robots. Seguro.

#retoecija nº24

447, 448, 449… una vuelta más en la cama. Busco la posición. De nuevo. Coloco la almohada una vez más…

621, 622, 623, 624… y mientras cuento (esto ya es algo automático para mi) intento pensar en una playa solitaria. Algo que pueda relajarme. Por un momento las ovejitas acaban saltando olas en mi cabeza. Luego vuelvo a recolocarlas. No, no funciona. Pruebo con una montaña. Allí las ovejas estan “en su terreno”. Todo es natural. Pero tampoco…

711, 712, 713… Insomnio.

828, 829, 830… Vueltas y vueltas. Sudo. Me destapo y me vuelvo a tapar. Esto parece no tener fin. Son ya las cuatro de la madrugada. Y sigo contando…

 

#24

999, 1000, 1001… pero sigo nervioso. Mañana te vuelvo a ver.

#retoecija nº23

A las 19.32 horas nos dirigimos a la calle Federico García Lorca numero 32. Allí nos esperaba, según nos habían dicho, un terrible incendio que afectaba a todo el edificio. Cuando llegamos, la realidad era bien diferente. Habia un incendio, efectivamente. Pero uno pequeño. A simple vista parecía el típico incendio que se origina en la cocina. Seguramente un horno. El problema es que el humo había subido por la escalera a todos los pisos. Por eso aparentaba tanto.

En cuanto entramos a la casa, vacía,  pudimos observar que, efectivamente, el foco estaba en la cocina. Seguramente, se habrían dejado el horno encendido (¿por qué) antes de irse. Si hubiera estado alguien, con un simple extintor se habría acabado. Ahora, la cocina se había ido a la mierda. Afortunadamente el resto de la casa estaba bien.

Lo realmente curioso es que dentro del horno, había un bolso. Un bolso rojo. Intacto. No tenia ningún sentido… pero allí estaba. Cuando lo abrimos, en su interior, solamente había un mechero, también rojo. Jamas había visto nada igual.

 

#22

#retoecija nº22

Mierda, llego tarde. A ver, el móvil, las llaves, la cartera… Venga, ya está todo. Mierda, no, me falta el abono. Joder, y encima es día uno y tengo que comprar el del mes. Mierda mierda y mierda. Voy a llegar tardísimo. Joder, ¿por qué siempre me pasa lo mismo?

Vamos vamos vamos… venga, bien, el semáforo en verde. Perdone señora. Sí, sí, lo sé… Bueno, no hay demasiada gente para sacar el abono. Son… 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7… y conmigo 8. Lo malo es que son sólo dos máquinas. Espero que no me toque ningún coñazo de esos que pagan con céntimos. No los soporto. ¿No tienen una tarjeta de crédito? O un billete…

Voy a ir poniéndome la música. Vamos, ya sólo quedan 6. Debería ponerme algo tranquilo, para calmar los nervios, pero el cuerpo en realidad me pide otra cosa totalmente diferente. Ya quedan 3. Voy a ir sacando la tarjeta. 2. Ya lllego 10 minutos tarde. Mi turno.

Paso el torno y bajo las escaleras hasta el anden y…

#22

… y ahí estás. Tú. Lo que siempre he esperado. Tú. Tus ojos. Simplemente. Y yo. Cara a cara. Al fin…

#retoecija nº21

1, 2, 3, 4… desde que era pequeño, cuando me acostaba, me ponía a contar ovejitas. Casi todo el mundo lo hace, es cierto. Pero normalmente lo hacen como recurso cuando no pueden dormir. Yo lo hago siempre. Me acuesto, y me pongo a contar.

23, 24, 25… incluso lo hago cuando voy a echarme la siesta. O cuando viajo en tren o en avión. Siempre cuento ovejitas. Ovejitas blancas que saltan una valla de madera en un prado verde.

101, 102, 103, 104… siempre son las mismas ovejas. De hecho, siempre es la misma oveja. Incluso antes de la clonación real, yo ya había clonado ovejas. Sin saberlo, claro.

146, 147, 148… nunca sé en qué número me duermo. Aunque creo que una vez llegué a contar hasta nueve mil y pico…  Al día siguiente tenía un examen. Biología. Me gustaba, mucho. Pero aquella profesora era terrible, no permitía ni el mas pequeño fallo. Creo que dormí menos ovejitas que las que conté. El tiempo, por las noches, se mide siempre en ovejitas.

237, 238, 239, 240… y ahora estoy en la cama, contando y contando para poder dormir. Tal vez soñar.*

#21

* Pequeño homenaje a The Lost Dreamer