Visto, dicho y oído

Si hay una sección que me gusta de Público es Visto, dicho y oído. Apenas un par de frases con una foto pequeñita que descubren, día a día, lo peor de cada uno de nosotros, de nuestra sociedad, de nuestras radios y televisiones…

En este caso el tema vuelve a ser el sexo. Ese sexo que parece que siempre da audiencia. Ya hablé en su día de ello cuando me referí a un artículo en elpaís. Hoy es Telecinco (¿nos sorprende?) pero mañana será cualquier otro.

visto, dicho y oído

EL PROGRAMA DE LA AR / TELECINCO
Un distinto fin, pero con los mismos medios
Tras más de una semana a vueltas con la detención de los dueños de una cadena de burdeles, las imágenes que ilustran las novedades del caso en televisión siguen siendo las mismas fotografías promocionales que atraían a los clientes desde la web de los clubs de alterne. El sexo vende, y lo mismo sirve para traficar con él que para denunciar ese tráfico. Telehipocresía. Carnaza.


No es para mi

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… es para lo mio.

Ayer, por motivos que no explicaré, estaba viendo Telecinco. Allí me encontré a una Belén Esteban hablando de leyes, a la madre de Sandra Palo defendiendo que Sálvame no era un circo y a Jorge Javier elogiando a esta madre una y otra vez por ir a su programa sin cobrar.

Pero todo este absurdo tuvo sentido cuando apareció este rótulo donde quedaba claro que Sálvame sí pagaba. Y que ese dinero iba para la fundación que creó la propia madre.

No me parece mal. Pero el circo es circo, el dinero es dinero, y ayer nos intentaron engañar.

El éxito de TVE

Cuando el Gobierno anunció que desde el 1 de enero de 2010 TVE dejaría de tener publicidad, muchos se llevaron las manos a la cabeza. ¿Cómo va a vivir una televisión sin publicidad? ¿Tendrá esto realmente un efecto en la televisión? Hasta en su último anuncio, la propia TVE decía que todos llevaríamos a la publicidad en el corazón.

La primera respuesta tiene un carácter más ideológico de lo que muchos puedan creer. Un servicio público tiene como fin al ciudadano y no a la cuenta de resultados. Bien es cierto que no todo vale para dar ese buen servicio. Por ejemplo, todos entendemos que en el centro de Madrid los autobuses tengan una frecuencia de paso mucho más corta (5-10 min en hora punta) que en un pueblo alejado. Mejorar la calidad del transporte público (bajar la frecuencia) en ese pueblo podría salir mucho más caro que una ciudad porque hay menos usuarios. Si miramos solo la parte económica, podríamos llegar hasta la eliminación de estas líneas. Pocos usuarios = pocos ingresos. Pero si están ahí es, justamente, porque son un servicio público.

Entendemos entonces que hay que encontrar un equilibrio entre la calidad del servicio y su coste (ingresos menos gastos). En el caso de la Televisión Pública uno podría pensar que esta balanza está totalmente descompensada: al no haber ingresos, cualquier gasto es enorme. Pero es una verdad a medias. TVE se paga (y pagaba) con nuestros impuestos.

Entonces, ¿ha compensado suprimir la publicidad? ¿Es eso una mejora en la calidad? Yo diría que sí. A nadie le gusta ver publicidad y perder el hilo de lo que está viendo. Pero es solo mi opinión. Lo que sí es objetivo es que la audiencia ha aumentado enormemente. Ayer tuvimos un ejemplo importante: los goyas más vistos de la historia. Una gala que en los últimos tiempos ha sido muy polémica y que hoy solo muestra caras sonrientes y buenos datos en prensa. Pero si buscamos otros datos tenemos, por ejemplo, que en de Diciembre de 2009 a Enero de 2010 (justo en el cambio) la cuota de pantalla aumentó en más de 2 puntos (de 16,50% a 18,60%). Y en lo que va de mes, de los 50 programas más vistos, 43 son de TVE.
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Me odio

Odio la tele. Al menos la tele que tenemos últimamante. Esa mal llamada telebasura. Al fin y al cabo, la basura, antes de serla, es útil. Apenas veo las retransmisiones deportivas y las noticias. Las series y películas prefiero verlas en el ordenador. De los programas ni hablar…

telebasura

Pero también estoy empezando a odiar a aquellos que en sus columnas y en sus tertulias no saben hacer otra cosa que hablar mal de la telebasura. Esa que deben ver a menudo, porque se saben todos sus guiones, protragonistas y chistes. Retroalimentan a la fiera a la que, como una musa de rostro desfigurado, escriben. Y que les da de comer.

Seguramente yo esté haciendo ahora lo mismo que ellos, por lo que he llegado a la conclusión de que me odio a mi mismo. Eso sí, mi tele está apagada.