Están muertos

Esto escribí hace algo más de dos años. Hoy me apetecía recuperarlo.

 

Están muertos. Quizá no lo sepan. Pero nosotros sí. Lo sabemos desde hace mucho tiempo. Lo sabemos cada vez que salímos a la calle y cada vez que nos levantamos aunque nos duela el alma. Están muertos. Y solos. Es una guerra (sí, guerra) sin sentido. Una guerra donde unos ponen bombas y otros flores. No tienen sentimientos aquellos que luchan por la libertad, en su santo nombre, bajo capuchas y armados hasta los dientes. Es una guerra donde sólo hay perdedores. Porque ellos ya han perdido todas las batallas pero el precio lo estamos pagando nosotros.

Están muertos. Y quizá lo saben. Por eso actúan así. Porque sus manos ya están manchadas de sangre. Y la diferencia solo radica en ser enterrado con sangre fesca o reseca en ellas. Pero sangre habrá. Y entierro. Porque están muertos.

Están muertos. Seguro que lo saben. Solo quien se sabe muerto puede ser tan indiferente a sus vecinos. Actuan como zombies, aterrando, creyéndose protagonistas de una película que dejó de tener director hace tiempo. Y las salas de cine, ya sabemos, cada día están más vacías. Ya nadie les ve. Solo es un título en cartelera.

Están muertos cuando destruyen una calle para construir una frontera.

Están muertos. Y cada vez son menos. Sus minorías son más minorías y la libertad es mayor. Aquí, en el lado de ese enemigo que imaginan. Y allí, en el lado de esa hermosa tierra que quieren para ellos solos. Para ellos, en nombre de tantos supuestos, de tantas supuestas luchas, de tantos supuestos ataques, de tantas supuestas mierdas… que al final, los únicos nombres que quedarán en la historia son los de las vidas que ellos han quitado. Se debe de sentir uno poderoso quitando una vida. Sólo así se explica que las razones políticas vayan escritas bajo un coche y no en libros. Solo un muerto sería capaz de agacharse tanto, hasta humillar su condición humana.

Ellos ya están muertos. Que no se nos olvide nunca a los vivos.


Minority Report, Batasuna y Adolfo Suárez

Minority Report es una película que trata sobre el pre-crimen. Unos entes (algo parecido a humanos, metidos en una piscina, y conectados a unos ordenadores) son capaces de ver los crímenes que se van a cometer. La duda que planea (y que es el argumento de la película) es si de verdad esos crímenes son inevitables, si las visiones son 100% auténticas, si en el último momento el asesino quitará el dedo del gatillo, abrirá la mano para soltar la navaja o no apretará con fuerza suficiente el cuello de su víctima. En realidad, detienen a gente que todavía no es culpable. Y que no lo será nunca, una vez detenidos.

Ayer Batasuna comunicó que rompía con ETA. Sin dobles lenguajes, sin metáforas que escondan excusas, sin peros, sin sombras en el discurso. Los estatutos, dicen, serán como los del PP y los del PSOE. Su rechazo a la violencia, su rechazo a ETA es claro. Por primera vez han hecho lo que no esperábamos, por primera vez han hecho lo que les pedíamos. Cumplirán la ley.

Últimamente  estoy leyendo sobre la Transición, ese período excepcional que llevó a España en tiempo récord desde una dictadura a una democracia. El 9 de abril de 1977 Adolfo Suárez anunció la legalización del Partido Comunista de Santiago Carrillo, quien estuvo en la Guerra Civil y quien representaba todos los males para  los defensores de España. Suárez (y también Carrillo, que con muchos movimientos internos en el PCE ayudó a esta decisión) entendió que en una democracia deben estar todos, sin excepción, o no sería una auténtica democracia. Que a veces la historia nos pide mirar solo al futuro, porque demasiadas veces nos hemos destruido ya en el pasado. Porque hay oportunidades que son únicas y porque no se puede predicar con democracia poniendo trabas a los partidos que cumplen la ley.