¿Formación o titulitis política?

Es bastante habitual que en nuestras (de los españoles, todos) habituales críticas a nuestros políticos se encuentre la de su formación. Que si fulano no tiene ni idea de economía, que si mengano no sabe nada de derecho… Y esto, por supuesto, ha vuelto a suceder con la última remodelación de Gobierno.

Tres son, principalmente, las cosas que se echan en cara a nuestra clase política:

  1. Carrera Universitaria: Algunos (pocos, la verdad) de nuestros diputados no tiene una carrera universitaria. Pero en la mayoría de los casos sí. Principalmente derecho, económicas, políticas… Y entre los que no han acabado la carrera (seguramente, no lo puedo confirmar) han pasado todos por la universidad. En cualquier caso, cuando uno escucha las quejas parece que ninguno de nuestros diputados haya acabado la EGB (o la ESO).
  2. Idiomas: La frase hay que saber inglés para ser camarero pero no para ser Presidente resume esta queja. Aunque supongo que se referirán solo a algunos camareros de algunas zonas turísticas…
  3. Vida laboral: El otro tema de queja es que los políticos no han dado un palo al agua en su vida.

¿Son quejas fundadas? Sinceramente, creo que no. Quedan muy bien en la barra de un bar o en el sofá de casa, pero no son más que una pataleta. En primer lugar porque no están bien fundadas. Como decía, casi todos los políticos (de primer nivel) tienen una carrera, muchos de ellos han opositado y obtenido plaza. Muchos de ellos son profesores de Universidad. Así que sí, tienen formación académica e incluso trabajo fuera de la política.

Pero en segundo lugar ¿son estos los patrones que necesitamos para nuestros dirigentes? ¿para dirigir un país hace falta saber mucho o saber qué hacer? ¿Importa de verdad a la hora de tomar una decisión económica saber inglés? Es más, por muy bien que uno hable inglés (o francés o alemán), ¿no debe ir también acompañado de un intérprete  para que en temas tan delicados no haya dudas? Parece ser que la única formación posible es la académica ¿pero es esto cierto? Todos conocemos a perfectos capullos con tres carreras que a la hora de trabajar son incapaces de hacer nada. Y ahí tenemos al que a mi me parece un buen ministro, Pepe Blanco, que no acabó la carrera de Derecho.

Ilustración de Helena Écija para este blog

El problema de verdad es que no sabemos qué hace un político. Por supuesto que la formación es importante, pero el trabajo de un político es hacer política. Y la política es un conjunto de muchas cosas (de todas, en realidad). Pero para saber con detalle esas cosas ya existen los asesores. El político debe tener claras las cosas básicas y saber, con arreglo a ellas y a los detalles concretos que le apunten en los informes, cómo aplicar sus políticas (sean de izquierdas, de derechas o lo que sea, da igual).

Por esto, yo me niego cuando algunos políticos o compañeros o amigos, ciudadanos, en fin, reniegan de los políticos profesionales. Ser político es una profesión. Una profesión exigente, dura, que requiere tener las orejas abiertas a lo que los ciudadanos queremos y la mano dispuesta a llevarlo a cabo. Pero no es un hobby al que uno le dedica un rato después del trabajo, o un par de años y luego se va a casa a descansar.

Y no, no defiendo a los que quieren vivir de la política. Esos que solo quieren un sillón y un sueldo. No, eso son gentuza, que nadie les llame políticos, por favor.

Ley de la obviedad

El otro día tuiteaba la Ley de la Obviedad de Cartier, que dice: si mejoras a todas las partes, mejoras al conjunto. Hubo alguno que incluso me añadió que no se mejora proporcionalmente, sino exponencialmente.

Y, con esto en la mente, mezclé ideas con el I+D+i y el cambio de modelo productivo y aquello que conté en Repensando el trabajo y todo esto que repetimos todos los días sin decir nada. La mayoría del tiempo tengo la sensación de que nadie sabe a ciencia cierta cambiar el modelo, así como que la mayoría de la sociedad piensa que aumentar el gasto en Investigación y desarrollo significa poner un laboratorio más. Y esto, sea cierto o no, lo que tenemos claro es que supone mucho dinero.

Lo que muchas veces no sabemos es que hay otra forma de hacer, al menos en parte, algo de I+D+i casero y barato. ¿Y en qué puede consistir esto en una empresa mediana o pequeña? En formación. Alguno me dirá que los cursos de formación también exigen dinero. Y es cierto. Pero yo no hablo de cursos de formación sino de formación a secas.

¿Cómo podríamos hacer esto? Se trata de enseñar entre compañeros parte de su trabajo, aquella que sirva para mejorar la empresa. Por ejemplo, en una fábrica de tornillos, si el jefe de producción explica cuanto dinero se ahorra la empresa (o cuanto beneficio podrían conseguir los trabajadores) con el actual sistema de reciclado, es probable que los operarios que día a día están con esa máquina o ese sistema piensen en mejores soluciones para aumentar la eficiencia de su reciclado.

Esta formación no debe ser unidireccional, porque el jefe de producción también deberá escuchar y aprender de los que están por debajo de su cadena de mando. Parece un consejo obvio pero ¿en cuantas empresas has estado en la que tu jefe te explica lo que hace, porque lo hace y escucha tus consejos?

Ilustración de Helena Ecija para este blog

Otro tipo de formación gratuita y muy útil para la empresa es la generacional. Aquí podríamos meter un uso básico de las Nuevas Tecnologías. Pero es mucho más que eso, se trata de explicar rutinas, de analizarlas en el tiempo, de que los más antiguos del lugar debatan con los más jóvenes los procesos. Quizá, lo que servía hace tiempo (un horario muy rígido para atender al público) ahora no es tan necesario (ya que tenemos sistemas on-line para contactar con nuestra empresa). ¿Cuantas empresas siguen malgastando tiempo y dinero en hacer cosas que no sirven para nada solo porque siempre se ha hecho así y nadie ha pensado en cambiarlo?

Todas estas pequeñas cosas harán que los trabajadores conozcan mejor la empresa, trabajen mejor en ella, aporten su granito de arena en cada uno de esos pequeños procesos que hay que llevar a cabo día a día, y de esta forma, mejorando un poco todas las partes, acabaremos mejorando a toda la empresa.