La excelencia en la educación

A estas alturas ya todo el mundo conoce la propuesta de Esperanza Aguirre de crear un Bachillerato de excelencia. Muchos compañeros de partido se han mostrado en contra por pensar que va a segregar a los alumnos. Yo también estoy en contra, pero no por esos motivos.

El problema de la medida es el contexto. No se puede estar hablando de este tipo de cosas cuando tienes numerosos centros con ratios mucho más altas de las recomendables, cuando tienes a profesores sobrepasados, cuando no tienes planes de actuación para integrar a los muchos inmigrantes, cuando no tienes planes para que aprendan lo antes posible nuestro idioma… es decir, uno no puede dedicarse a decorar la fachada cuando se le está cayendo el tejado.

La medida en sí no me parece mala. Alguien la comparaba con los centros de alto rendimiento de los deportistas (por cierto, que en España sólo tenemos tres… luego querremos cuatrocientas medallas en los JJOO) y no me parece mala comparación. Pero yo me pregunto ¿Por qué solo en Bachillerato? ¿Qué pasa con un niño que a los 8, 9 o 10 años demuestra estar por encima de la media? Quizá en Bachillerato ya sea demasiado tarde. ¿Y qué pasa si un niño sólo destaca en una materia (matemáticas, música…)? ¿Vamos a desperdiciar ese talento? Además, ¿Qué criterio se va a usar para entrar a ese Bachillerato de excelencia? Espero que no sean las notas, porque esta son fácilmente inflables. Sería más lógico hacer una selectividad igual para todos, con vigilantes neutrales… E incluso, ¿por qué no se podría adelantar, si ya tienen los conocimientos, su entrada en la Universidad?

No tengo problema en que se potencie a aquellos alumnos que tienen mejores capacidades. Pero las propuestas deben ser para todos igual, respetando los mínimos y aumentando los máximos. Y siempre con planes concretos y definidos. No se puede jugar a experimentar con la educación.

2 Respuestas to “La excelencia en la educación

  • Completamente de acuerdo en todo.

    Pero añado: en la ESO y en Bachillerato utilizar sólo las calificaciones como muestra de la valía de un alumno puede ser muy, muy negativo. Las asignaturas son muy variadas. Esto no es malo y no digo que esté en contra, al contrario: hay que tener una base cultural y de conocimiento amplia (en la ESO, creo que en el Bachillerato se debería permitir jugar más con las opciones y la especialización). Pero esa variedad genera que podamos tener a un físico brillante estrellándose en asignaturas de idiomas o de humanidades. ¿Qué hacemos con él? ¿Expulsamos del sistema al que podría ser el futuro descubridor de vaya usted a saber qué? O a un periodista brillante incapaz de aprobar las matemáticas. ¿Le enviamos a FP por no aprobar la suma de tres asignaturas de ciencias, cuando sería capaz de hablar cuatro idiomas y analizar de forma enviadiable el contexto político de Europa?

    Pues no sé. Quizá tengamos que empezar a entender que la educación tiene que jugar con variables muy amplias y casos muy particulares, y que esa “brillantez” y esa titulitis de los 80, y esa otra obsesión de crear superniños del siglo XXI que sean genios en todo no va a ninguna parte. Porque pocos, muy, muy pocos (de hecho, la cantidad es ridícula para las cifras de un país) pueden destacar en todo. Y ahí está el ejemplo clásico: en España tenemos un premio Nobel que suspendió su primer año de carrera. En la educación nada es demasiado objetivo ni numérico.

    Y ahora voy a hablar de un caso personal. ¿Cómo gestiona y controla la Comunidad de Madrid los resultados de los diferentes centros? ¿Qué pasa con los que tienen una tasa de fracaso escolar extremadamente sospechosa? ¿Qué pasa cuando un alumno se va desmoralizado como supuesto fracaso escolar y cree que no puede cumplir sus sueños en la vida, y resulta que prueba y… obtiene notas brillantes en otro centro y en sus posteriores estudios? ¿Qué pasa cuando un Instituto público presume de un 100% de aprobados en selectividad tras dejar por el camino al 80% de sus alumnos matriculados? ¿Para qué queremos inspectores? ¿Quién controla los resultados de los profesores que están al cargo del futuro de tantas personas?

    No hay más preguntas. De momento.

  • Como la Consellería de Educación no me deja tuitear, te envío por aquí mi opinión respecto al tema. Menos mal que lo has reescrito, estaba a punto de darme un chungo xD

    Estoy de acuerdo en tu argumentación, sin embargo decir que “el problema de la medida es el contexto” para tratar esta necesidad educativa, no me parece adecuado. Me recuerda (salvando las distancias), a las críticas que pueden suponer el impulso de medidas sociales dentro de una etapa de crisis económica (y sí, me apetecía ser algo demagógico antes de comer xD)

    Cierto es que nuestro sistema educativo tiene grandes problemas, pero nunca es mal momento para solucionar las trabas que tenemos, poco a poco. De momento, esta medida ya ha engendrado un debate acerca de esta necesidad educativa tan olvidada (y que por cierto, no es tan infrecuente y rara como parece). También es verdad que lo fácil para la Administración es buscar soluciones efectistas a esto y no a lo demás. Pero bueno, algo es algo.

    En mi opinión, una vez más, la medida principal (y más realista) debería ir destinada hacia una formación más competente del profesorado y de los orientadores encargados de detectar dichas necesidades. Las altas habilidades o la superdotación se pueden tratar perfectísimamente en clase, a través de la correcta estimulación de las parcelas en las que destaquen los alumnos. ¿Es por ello este Bachillerato una medida equivocada?

    En absoluto, siempre y cuando este Bachillerato de excelencia tenga carácter voluntario (que supongo que lo tendrá), y que en la selección de los alumnos no solo cuente las opinión de los padres, sino también la del alumno y los profesionales en psicopedagogía. No se debe buscar la forma más elitista o sencilla de aprovechar el talento de estos chavales para extraer un beneficio social en el futuro, sino más bien, ingeniar formas y posibilidades para que los alumnos puedan desarrollar todo su potencial. Y es por ello que esta medida no me parece del todo mala.

    Todo lo que sea multiplicar las opciones educativas, debe ser recibido con los brazos abiertos (aunque intuyamos oscuras vibraciones detrás).

    En cuanto a los criterios de selección, desde lueguísimo que las notas no deben ser el criterio que más pese en esa elección. Los centros (aconsejados por el departamento de orientación), podrían proponer los alumnos que tienen posibilidades de entrar en dicha línea, y a partir de ahí, tenemos las diversas opiniones de los profesionales para seguir adelante. Quizás éste sea uno de los aspectos que más profundamente habría que tratar antes de ponerlo en marcha, tal y como dices en tu impecable último párrafo.

    Y bueno, nada más. Me marcho antes de que el Conseller me quite el título y me dé unos azotes.

    Saludines :)

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