#retoecija nº6

Eran las seis y algo de la tarde. Yo salía de trabajar y ella ya estaba sentada en aquel vagón de metro donde inexplicablemente quedaba un asiento libre que rápidamente ocupé. Yo leía a Murakami y ella El gran Gatsby. Yo acababa de terminarlo recientemente y lo tenía fresco en la memoria. En contra de lo que todo el mundo dice, a mi no me gustó. No digo que sea malo, pero…

El caso es que ella se percató de que, inconscientemente, me había quedado colgado mirando su libro (o a ella, o al menos a sus manos).

– Perdona…

– Lo siento… es que leí hace poco ese libro y…

 

#6

Y aquí empezó una conversación que me llevó a pasarme de estación. Dos veces. De libros, del amor, de los Estados Unidos de los años 20, de lo poco que había ella viajado por allí y de lo mucho que sí lo había hecho por Europa. De la vida y de la muerte. De por qué el metro hoy iba tan rápido…

Pero al final tuve que bajarme. La vida tiene cosas inevitables. O yo no tuve el valor suficiente de pedirle que me reservara ese asiento para siempre. O al menos un nombre, un teléfono, una dirección, un «te veo mañana, mismo vagón a la misma hora». No tuve el valor cuando hay que tenerlo, que es lo mismo que no tenerlo nunca. Hay cosas que es mejor asumir, y yo asumo que ella es ahora tan sólo un «y si…» y el recuerdo de aquel tatuaje que tenía en la muñeca.

 

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3 comentarios

  1. Me encanta!!!! Te voy leyendo y escribes muy bien!

    De todo el relato me quedo con:

    «No tuve el valor cuando hay que tenerlo, que es lo mismo que no tenerlo nunca»

    Genial!!!!

    Un abrazo!

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