Lo que aprendí trabajando en una pyme

Se acaba para mí una etapa de mi vida que me ha marcado para siempre. Más de 5 años y medio trabajando en una pyme en la que he tenido la oportunidad de tocar muchos aspectos: imagen, RRHH, proveedores, clientes…
Durante este tiempo he trabajado en mejorar y crear marcas, con su guía de estilo, su papelería, su packaging… también me ha tocado entrevistar, contratar y despedir a mucha gente. He hablado y negociado con proveedores. He exigido y he cumplido cuando han sido los clientes los que nos han exigido a nosotros. Pero, por encima de todo, he aprendido. Algo que me llevaré siempre y que vale más que un máster.

Aquí van algunas reflexiones. Más para que no se me olviden que para enseñar a nadie.

  1. Tienes que hacer de todo. Y hacer de todo es literal. No vale fiarte del carguito que pone en tu tarjeta. Si hay que descargar un camión se hace. Si hay que ir a una feria se va. Si hay que ponerse el mono de faena, se pone. Si hay que empaparse de legislación, te empapas.
  2. Crecer es bueno. Justamente para evitar, en parte, el paso anterior. Crecer te permite especializarte (o, al menos, parcelar mejor las funciones), te permite dar un mejor servicio, una mejor atención a tus clientes. Porque por mucho que uno se esfuerce, las horas del día son las que son y, para todos, tienen un límite. Pero es que es más, crecer no sólo es bueno, crecer es imprescindible. Una empresa que no crece está condenada a acabar reduciéndose antes o después. El mercado es cada vez más competitivo y sólo creciendo uno es capaz de serlo también.
  3. Delegar sí, alejarte no.  Un negocio requiere líderes, no jefes. No hace falta pegar ni un grito, nunca, a nadie. Es tan simple como trabajoso: estar ahí, siempre. Abrir tu negocio, cerrarlo, estar pendiente, preocupándote. Tampoco es necesario, si tienes trabajadores a doble turno, trabajar a doble turno. Pero en una pyme, donde todo el mundo se conoce, los trabajadores valoran que estés ahí, que seas el primero que ven implicado en la empresa. Si no, ¿cómo les vas a exigir a ellos? Y sí, en una pyme al trabajador hay que conseguir implicarle más que en una multinacional. Y se puede.
    Eso no quiere decir que no se delegue trabajo, claro que no. Porque volviendo a los puntos 1 y 2, aunque tienes que hacer de todo, tienes que aspirar a crecer y dejar de hacerlo todo.
  4. Comunícate mucho y bien. Uno de los riesgos que corre una pyme es que como todo el mundo tiene la capacidad de verse (poca gente, espacio relativamente reducido… todo el mundo conoce a todo el mundo) al final acabas jugando al teléfono escacharrao. Deja claro las funciones y planifica las comunicaciones: quién dice qué, cómo y cuándo. Planifica reuniones y hazlas. Respeta ese momento de la semana (o quincenal o mensual…) de forma sagrada para asegurarte de que todo el mundo tiene claro todas las decisiones que se han tomado desde la última reunión.
  5. Cambia. Lo importante de tu negocio no es el motivo por el que lo montaste, sino que tu negocio siga vivo, siga atrayendo clientes, siga creciendo, siga facturando… para eso quizá tendrás que adaptarte a nuevos medios, a nuevos recursos, a nuevas exigencias de clientes… Si siempre haces lo mismo acabarás por no hacer nada…
  6. Pero respétate. Cambiar no significa dar tumbos. Tienes que tener claro cuál es tu púbico objetivo, qué es lo que haces mejor que la competencia (y ten claro que algo es, si no, no existirías…) y toma decisiones a partir de ahí.
  7. Datos datos y más datos. ¿Y cómo sabes quién es tu público? ¿cómo saber qué es en lo que destacas? Analiza. Analiza mucho. En algunas épocas durante estos años el 80% de mi trabajo ha sido buscar y analizar datos. Comprender dónde se ganaba dinero y dónde no. Y cuantificarlo. Aunque a veces pueda parecer un trabajo poco productivo, a la hora de enfrentarte a cualquier problema tienes la respuesta casi al momento: ya te has enfrentado a todos los escenarios.

Y sé valiente. Una empresa es una apuesta. Obviamente hay que apostar con cabeza, pero nadie tiene certezas absolutas. Eso sí, en este caso está claro que si no apuestas, fijo que te echan del juego.

Repensando el trabajo

Llevamos meses hablando de “cambiar el modelo productivo”. Lo oímos en la radio, en la tele, lo leemos en la prensa, lo decimos una y otra vez en nuestros blogs… De tanto hablar no sé si me ha quedado claro qué es lo que queremos cambiar, así que trataré de ser menos ambicioso y limitarme a (re)pensar algunos aspectos del trabajo, más allá de aquel sueño de trabajar en google.

  • Jornada: Prácticamente todos los puestos de trabajo que se existen y que se ofrecen hablan de 8 horas diarias. ¿Es esto necesario? ¿Es lo mismo estar 8 horas haciendo un trabajo físico que uno intelectual? ¿No tienen diferentes componentes de cansancio (físico uno, intelectual el otro)? Si cada trabajo es un mundo, las jornadas no deberían tener siempre la misma duración.
  • Productividad: Y más allá de las horas ¿trabajan todos los empleados con la misma intensidad? Si un trabajador es capaz de hacer X trabajo en su jornada y otro es capaz de hacer 2X, ¿no debería el segundo trabajar la mitad para rendir lo que se le pide, es decir, X?
  • Horario: Por aquello de la uniformidad (supongo) hemos decidido que todas las empresas, todos los negocios y por tanto, todos los trabajadores entre y salgan prácticamente en las mismas horas. Esto provoca que, especialmente en las grandes ciudades, se provoquen unas atascos enormes en las carreteras y que debamos viajar apretujados en metro y autobús.  Bien es cierto que se puede mejorar mucho el transporte público pero ¿es necesario que todo el mundo tenga el mismo horario? No hablo de todas las empresas, pero seguro que alguna podría poner, por ejemplo, su entrada a las 10-10.30 de la mañana. A esa hora la circulación es bastante más fluida y sus trabajadores se ahorrarán tiempo y dinero. Además, si mucha gente hiciese eso, los atascos se aliviarían en parte.
  • Guardias: En algunos trabajos, especialmente los ligados a la medicina, es muy habitual ver jornadas de 24 horas. Si uno no puede conducir más de 2 horas seguidas (según recomendaciones de la DGT) no entiendo como alguien que tiene nuestra vida en sus manos puede trabajar un día entero.
  • Flexibilidad: Además de un trabajo, la mayoría de la gente suele tener una vida personal: amigos, familia, aficiones… Debemos buscar, más que normas concretas, una “actitud de trabajo”, es decir, que el trabajador sabe que puede entrar más tarde o irse antes puntualmente si es necesario o en casos especiales (el cumpleaños de un hijo, por ejemplo) pero a su vez adquiere un mayor compromiso con la empresa en la realización de su trabajo.
  • Preparación: Otro de los males de nuestro país es tener a gente que desempeña puestos que no son para los que se ha preparado (no digo que no lo esté para lo que hace). Pero no solo al área concreta, sino a su capacidad. Muchas veces, que alguien haya sido capaz de acabar una carrera (obviamente no todas las carreras son iguales) demuestra en sí mismo la capacidad de acabar algo, más allá de que el puesto sea para lo que uno se ha preparado.
  • Motivación: Debemos generar en el trabajo un buen clima. No se trata de irnos de cañas con los compañeros al acabar (o sí, eso también) sino de un clima de confianza, donde todos estén comprometidos, donde se entienda que no somos robots sino personas.
  • Teletrabajo: ¿Cuántos trabajos se pueden realizar en su mayoría o totalidad hoy en día desde casa? Muchos. ¿Cuánto tiempo perdemos en desplazamientos innecesarios? Muchísimo (yo, por ejemplo, dos horas al día). ¿Qué podríamos hacer con ese tiempo extra si trabajásemos desde casa? Podríamos ir a comprar al super del barrio todos (o casi) los días y así evitarnos perder una mañana de sábado en un gran almacen: no sería necesario guardar tanto (30 min.). Podríamos ir a un gimnasio (1 hora). Y podríamos echarnos una buena siestecita de 30 min. que nos haría estar más descansados (y productivos) por la tarde.

Y que nadie olvide que un trabajador feliz trabaja más.

Trabajar en Google

Todos hemos visto esos maravillosos powerpoints, o un artículo en revistas o un reportaje en televisión (ayer mismo en TVE, dentro del programa “¿Cuanto ganas?” o “¿Cuánto cobras?” o algo así…). El caso es que después de ver esas instalaciones, ese estilo de trabajo, esa forma de entender la empresa… (y esos sueldos, aunque no los sepamos con exactitud) uno acaba diciendo: “Quiero trabajar en Google”

instalaciones google

Google, como empresa, mola. Es joven (y con gente joven trabajando allí), llena de talento y prácticamente todo lo que saca es un avance en nuestro día a día. Pero si nos hubieran enseñado esas mismas fotos de esas instalaciones y la empresa hubiera sido otra, nuestra respuesta hubiese sido la misma: “Quiero trabajar ahí”.

instalaciones google2

¿Por qué? Porque al fin, hay empresas que entienden que el mayor valor que tienen son sus trabajadores. Por eso se preocupan de tener a los mejores. Y tenerlos bien pagados y bien tratados (horarios flexibles, restaurante gratis, videojuegos, salas de relax…). Y por si fuera poco, con tiempo para proyectos personales.

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Obviamente no todas las empresas van a poder tener estas instalaciones y estas condiciones. Pero no se trata de aplicar medidas concretas: se trata de aplicarlas pensando en el trabajador. Cuando una persona se siente valorada, involucrada en un proyecto, sabiendo que lo que hace sirve para algo, rinde mucho más. Cuando sabe que si tiene un problema, la empresa está ahí para ayudarle, no le importará echar una mano a la empresa y trabajar más si hace falta.

Si a todo eso le sumanos poder hablar directamente con los jefes, sin tanta jerarquía, sin tanto embrollo, la empresa se convierte en un ente más rápido, más flexible. Al final, se convierte en una empresa con marca, con calidad. Una empresa ganadora. ¿Llegaremos a ver esto algún día en nuestras empresas?