Críticas

Sí, el tuit es mío. Y puede que quede feo que me autoreferencie, como si fuese una cita de Sócrates (el futbolista no, el otro) o de Arturo Pérez Reverte, el nuevo líder espiritual de esta España que ya no se deja los huevos entre tremendas cogorzas y por eso nos tiene que salvar cada domingo, en su homilía tuitera.

El caso es que primero he pensado la frase y luego ha venido la reflexión. Será que tienen razón esos estudios de universidades americanas que casi nunca uno conoce (y que no sabría poner en el mapa, por descontado) y la red del pájaro nos está cambiando la forma en la que pensamos. A golpe de titular, quizá.
Y la frase viene a cuanto de lo que estos días hemos visto tras la nueva debacle (y van unas cuantas) electoral del PSOE en Galicia y Euskadi. Viene a cuento porque rápidamente todo el mundo se a puesto a lanzar sus cuchillos contra unos mientras otros, antes incluso de que las armas blancas empezasen a surcar el aire naftalino de Ferraz ya sacaban los escudos para proteger sus sillas, o las sillas de los suyos, que no es igual pero es parecido.

Y es que, más allá de mi opinión sobre el (¡NECESARIO!) cambio de rumbo en el PSOE, lo que no se puede es pretender tener un debate serio cuando uno se toma las críticas como si fueran el eje del mal. Sí, como digo al principio, una cosa es crear y otra criticar. Pero, como aprendí en mis años de Judo, hay que saber usar la propia fuerza del rival para hacerle caer. Si pretendemos ser un muro aguantaremos muchos golpes. Pero algún día caeremos…

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