Un apunte sobre el bipartidismo

Uno de los mantras que se han venido repitiendo en los últimos dos años, es que el bipartidismo es el eje del mal, que estamos en crisis por su culpa, que debe desaparecer sea como sea.

Como casi siempre, una parte de verdad se lleva por delante el argumento. Porque el bipartidismo, es cierto, nos ha llevado donde estamos, en crisis. Pero también nos llevó hace no mucho a estar donde estábamos, lo cual no era tan malo, verdad? Teníamos Sanidad, Educación, Becas, entramos en la UE… sí, claro, había mucho que mejorar. Pero España hizo, más o menos, en 30 años lo que el resto de Europa en 70. Las prisas, claro, no son buenas. Y hoy pagamos nuestros errores más los errores comunes en un mercado globalizado.

El bipartidismo no es bueno ni malo en sí mismo. Hoy por hoy, es cierto, está acabado. Pero lo está porque esos dos partidos lo están. Si uno de ellos hiciese las cosas medianamente bien, probablemente estaríamos en un monopartidismo. De hecho, vivimos en un monopartidismo de facto, pero es que nos dirige un teletubbie.

El bipartidismo, en contra de lo que se dice, tampoco fomenta la corrupción.

¿Y después del bipartidismo, qué? Porque lo que vemos, con gente como Toni Cantó, Cayo Lara o Duran i Lleida no es precisamente mucho mejor de lo que tenemos. Claro, hay que verles gobernar y esa es una duda que siempre tendremos. Hasta que gobiernen, si es que lo hacen. Pero nadie me negará que ilusionar, precisamente, no hacen.

Está claro que debemos buscar cambios en nuestro sistema, que debemos buscar cambios para nuestros partidos políticos, que necesitamos (mucha) más transparencia, que necesitamos una justicia mejor (y especialmente, más rápida), que necesitamos hacer muchas cosas. Pero especialmente, necesitamos no equivocarnos de objetivo.

Pd: como sé que siempre hay malentendidos sobre estas cosas quiero aclarar que no, este no es un artículo pro-bipartidismo. Más bien es un artículo contra uno de los argumentos anti-bipartidismo. Simplemente.

Pd2: Si hoy hubiera elecciones no votaría al PSOE.

Por qué no haré huelga

Como muchos de los habituales de este espacio sabrán, soy militante socialista. Bueno, militante es un decir. Lo fui. A día de hoy sólo pago mi cuota. De eso ya he hablado alguna vez. Lo que no sé si saben por aquí es que durante tres años y medio he trabajado en UGT Madrid. De hecho, puedo decir que “he sido UGT Madrid en las redes”, o lo que me han dejado. Mi trabajo, del que me marché por una mezcla entre una mala situación (acabábamos de vivir un ERE), desacuerdos personales y políticos con una oportunidad de un trabajo con mayor calidad de vida (aunque menor sueldo, que no todo es dinero en esta vida), consistía en llevar la imagen del sindicato en las redes sociales, dentro del plan global de comunicación (que dicho así suena muy bien, pero eramos cuatro personas que hacíamos lo que podíamos). Conste en acta también que cuando abandoné mi trabajo pedí mi baja del sindicato. El motivo fue escuchar al entonces “mi secretario general” decir que de esta situación habría que salir trabajando más y ganando menos. Creo que os sonará ese discurso.

Antes de la anterior huelga general ya comenté allí (y nadie me escuchó) que la estrategia no era la acertada. En una situación de crisis, al gobierno una huelga general no le hace daño, porque hay mucha gente que no se la puede permitir. Podemos hablar de que son unos vendidos, unos anticompañeros o lo que queramos. Pero, literalmente, hay gente que sin el día de huelga no puede llegar a fin de mes. En ese momento propuse que se hicieran grandes manifestaciones los fines de semana, porque ahí sí que se puede sumar todo el mundo que quiera. De hecho, esto se empezó a hacer después y se ha visto que esas manifestaciones han sido un éxito (no, no las hicieron porque yo lo dijese, que ya digo que nadie me hizo caso).
¿Supone esto que no creo en la huelga? Para nada. La huelga es un derecho y una herramienta. Y como todas las herramientas, hay que usarlas en el momento y lugar apropiado. De hecho, mi propuesta también hablaba de hacer huelgas indefinidas en aquellas empresas que manifiestamente maltrataran al trabajador o hicieran ERE´s especialmente duros. Es decir, focalizar las acciones en aquellas empresas que hacían lo que nos parece mal, no atacar a todas por igual.
Actualmente trabajo en una empresa mediana. Una de esas miles de pymes que son el 80 o 90% de nuestro tejido industrial. Somos poco más de 30 trabajadores. Cobramos puntualmente, sueldos decentes. Tenemos nuestras medidas de seguridad, nuestros reconocimientos médicos y no hay más presión que la propia de sacar adelante los pedidos. ¿Por qué tendría entonces que hacerle una huelga a mi jefe? Él ya tiene la posibilidad de echarme o de pagarme menos y no lo hace. ¿Debo hacer una huelga preventiva contra él? Ya llevamos unos años en crisis como para saber de qué pie cojea cada uno… ¿De verdad si hago huelga estoy jodiendo a Rajoy o a mi jefe, el que me paga a final de mes? Sinceramente, creo que más al segundo que al primero.
Las huelgas no son un fin en sí mismas. El éxito de una huelga es conseguir algo, un cambio, una mejora… una promesa al menos. Yo no voy a conseguir nada de eso de mi jefe. Mi jefe ni apoya ni se lucra gracias a estos recortes.  No puedo, ni debo hacer una huelga que sí que le afectará a él. La lucha de clases no es contra todos los empresarios. Es, o debe ser, contra aquellos que se creen por encima de los trabajadores, que abusan de ellos, que les maltratan de alguna forma.
Vayamos entonces a manifestarnos frente al Congreso, o la Moncloa, o la sede de la CEOE. Hagamos huelgas en aquellas empresas que se lo merezcan. Pero no metamos a todos los empresarios en el mismo saco. Ahora mismo ellos, con los partidos de izquierda olvidados en cada elección y con los sindicatos en un momento de baja valoración, son de las pocas cosas que nos quedan a los trabajadores para tener alguna pequeña esperanza en este país.
Bonus extra: hice huelga en en el 2002, a Aznar. En aquel famoso 20-J de la ruin manipulación de Urdaci y el posterior Ce Ce O O. Tenía un pequeño trabajo de verano, pero me sumé. Eran otros tiempos y otras circunstancias. Si hoy estuviéramos en aquel momento quizá también la haría, no lo sé. No hice huelga a Zapatero porque estuve dos meses de baja por una enfermedad, pero la habría hecho igual que hice la primera a Rajoy: porque iba en mi puesto hacerla. Y que conste que para un sindicato, paradójicamente, no hay día de mayor trabajo que una huelga. Empalmé una jornada con otra  de casi 24 horas sin apenas dormir, tratando de hacer mi trabajo lo mejor que podía y sabía. 

Críticas

Sí, el tuit es mío. Y puede que quede feo que me autoreferencie, como si fuese una cita de Sócrates (el futbolista no, el otro) o de Arturo Pérez Reverte, el nuevo líder espiritual de esta España que ya no se deja los huevos entre tremendas cogorzas y por eso nos tiene que salvar cada domingo, en su homilía tuitera.

El caso es que primero he pensado la frase y luego ha venido la reflexión. Será que tienen razón esos estudios de universidades americanas que casi nunca uno conoce (y que no sabría poner en el mapa, por descontado) y la red del pájaro nos está cambiando la forma en la que pensamos. A golpe de titular, quizá.
Y la frase viene a cuanto de lo que estos días hemos visto tras la nueva debacle (y van unas cuantas) electoral del PSOE en Galicia y Euskadi. Viene a cuento porque rápidamente todo el mundo se a puesto a lanzar sus cuchillos contra unos mientras otros, antes incluso de que las armas blancas empezasen a surcar el aire naftalino de Ferraz ya sacaban los escudos para proteger sus sillas, o las sillas de los suyos, que no es igual pero es parecido.

Y es que, más allá de mi opinión sobre el (¡NECESARIO!) cambio de rumbo en el PSOE, lo que no se puede es pretender tener un debate serio cuando uno se toma las críticas como si fueran el eje del mal. Sí, como digo al principio, una cosa es crear y otra criticar. Pero, como aprendí en mis años de Judo, hay que saber usar la propia fuerza del rival para hacerle caer. Si pretendemos ser un muro aguantaremos muchos golpes. Pero algún día caeremos…

Lo que (me) pasa

Confieso que vivo en una eterna contradicción. Tengo la mala costumbre de leer los periódicos todos los días,  al menos el tiempo suficiente hasta que acabo cabreado como un idiota y cierro la pestaña (no, no compro papel nunca. Ya tengo todos los pijamas y cuchillos que necesito). Por tanto, soy plenamente consciente de las burradas que los inútiles que viernes tras viernes destruyen (un poco más*) nuestro país (y ese otro que está ahí arriba en una esquina, como dijo Pep) cometen y ladran. Y soy plenamente consciente, porque lo vivo de cerca, de las necesidades que pasa mucha gente, de esas redes cada día más agotadas que les sustentan, de las cuentas para llegar a día 15 sin pedir permiso ni dinero, del tormento de la incertidumbre…

Y justamente por eso mismo, porque soy plenamente consciente de lo que sufren unos, vivo aterrado viendo como el jueves pasado me recorrí 6 restaurantes (no eran de lujo, pero tampoco fast food) porque las colas en todos ellos salían a la calle muchos metros. O cómo el mismo día en que sale a la venta un teléfono que no hace nada nuevo y que cuesta un Salario Mínimo Interprofesional se agota. O cómo se llenan las carreteras todos los puentes, con sus gasolinas por las nubes y sus maletas huyendo de la ciudad. No lo entiendo…

Y, por si no tuviéramos bastante, uno se ve en un terreno de nadie, con ganas de decirles a unos que es un tontería usar determinado lenguaje y no controlar quien se junta en tus manifestaciones (yo siempre he tratado de decidir mis compañías y creo que no me ha ido mal) mientras que los otros me dan una mezcla de rabia, pena y aroma a naftalina. A veces es complicado explicar a la gente que no siempre que hay un malo el de delante es Bueno100%® y viceversa. Disney ha hecho demasiado daño en nuestras argumentaciones. Y a veces hay que callar, para no acabar pensando que estás loco, o solo, que es parecido.

 

*Hoy no le toca recibir palos al PSOE. Pero os doy ese gusto a todos.

YPF, desde Argentina.

Gabriel Barzola es un amigo desde hace ya unos cuantos años. Argentino y residente en Buenos Aires. Ha accedido a contarnos, desde el otro lado del charco, como ve él el conflicto de YPF:

Yo no soy amigo de la política, ni de lo políticos, ni de nada que se asemeje. Yo solo puedo opinar desde lo que yo pienso, veo y analizo. YPF. Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Así se llama la empresa que está en boca de todo el mundo y sale en media internet. Leo mucha gente a favor, otras tantas en contra y todo dependiendo del favoritismo político que tengan. Hace años, cuando vendieron media Argentina a capitales extranjeros, a mi me pareció una aberración. Cómo podía ser que no pudieramos hacernos cargos de NUESTRAS cosas. NUESTROS trenes, NUESTROS aviones, NUESTROS recursos naturales. Se vendió TODO. Pero claro, nada de eso era para que nosotros, el pueblo argentino, esté mejor. No, eso acá no se suele hacer. Acá la politica se divide en 2. Los “justicialistas” que se escudan tras la figura del General Perón y Evita, y en realidad solo son una manga de corruptos y ladrones que solo piensan en su bolsillo y los “radicales” y demás partidos políticos, que no tienen ni fuerza, ni poder, ni capacidad alguna de gobernar. Quizás tengan buenas intenciones, o piensen un poco más en el “pueblo”, pero son incapaces de gobernar, mas con los “sindicalistas” que en su GRAN mayoría son todos justicalistas.

YPF es un claro ejemplo “justicalista”. Venden cuando ven que pueden llevarse una buena tajada y se la reparten entre ellos. ¿El pueblo? Bien, gracias. Cuando las papas queman ven que no hay recursos, o que se necesita robar MAS dinero, que hacen? Dan marcha atrás con algo que ellos mismos, años atrás habían consensuado. Una locura. Y cómo nos deja a los argentinos? Como unos completos idiotas.

Yo estoy de acuerdo con que YPF DEBE SER CONTROLADA POR EL GOBIERNO ARGENTINO, o en todo caso, que sea una empresa controlada por empresarios ARGENTINOS, pero no me parece que “expropiarla” sea un buen método. Yo no quiero ser venezuela. Yo quiero a mi pais, pero no así.
Igualmente, España tampoco tiene que ponerse en el papel de “victima”. Bastante dinero han ganado con todo esto y si no quieren dejar la empresa, es justamente porque les da ganancias. Dudo mucho que alguien quisiera retener algo que solo le de pérdidas. España ha hecho muy buenos negocios con Argentina y ahí nadie se quejaba.
Esto no es política. Esto no es Argentina o España. Esto simplemente es dinero con petróleo de por medio. Dinero que el pueblo español no verá reflejado en sus bolsillos. Dinero que el pueblo argentino tampoco verá reflejado en sus bolsillos.
Esto es dinero para los que más tienen y quieren hacernos partícipe a todos de algo que nunca veremos o disfrutaremos.

Paz. 🙂

Esta no es mi patria

Lo escribí ayer en twitter: “Damas y caballeros, hay guerras en las que no es necesario tomar parte. No siempre hay un bueno al que defender ni malos a los que atacar.” El asunto, obviamente, se refería a Argentina y su decisión sobre nacionalizar YPF.

Sobre la decisión en sí, admito que prácticamente todo lo que sé lo leí en este artículo de Xaora (escrito cuando la nacionalización era sólo una intención, a pesar de que nuestro ministro de terrorífico parecido dijese que todo estaba encauzado), pero no me parece poco. Queda claro, por tanto, para todo aquel que haya leído el artículo (y si no, lo digo yo) que no defiendo la decisión de Argentina.

Entiendo, por supuesto, que el gobierno defienda los derechos de una empresa española (a pesar de tener filiales en paraísos fiscales). Entiendo que hay unos 17.000 trabajadores que podrían irse a la calle. Y de otra cosa no, pero de parados vamos sobrados en este país. Entiendo que también se pueda llevar por delante a algunas empresas más. Es decir, entiendo la situación. Grave, muy grave. Quizá la entiendo más que el Presidente, que mientras esto pasaba, él estaba en una charla de empresas familiares.

Pero aquí se acaba mi guerra. Lo siento, pero que nadie me espere del lado de nadie. No jalearé a ninguna de las partes, pero tampoco derramaré ninguna lágrima. No puedo, lo siento. Y no, no diré aquello de “¿Qué ha hecho Repsol por mí?” Aunque podría. Podría porque el Gobierno, mi Gobierno, decide hacer una reunión de urgencia. Urgencia que no tenían los presupuestos del estado más duros de nuestra democracia, porque había que ganar perder unas elecciones en Andalucía. También decidió dar el Gobierno una rueda de prensa (para decir lo enfadados que estamos con los argentinos y que les vamos a devolver a Valdano, que es muy pesado y que se van a enterar) pero para recortar 10.000 millones de euros en educación y sanidad les bastó un párrafo en un comunicado.

No es mi guerra esta. Que el gobierno haga lo que tenga que hacer, pero que no hable de patria. Mi patria no es el petróleo que está a miles de kilómetros. Que no me hablen de banderas, ni de españolidad, ni de mierdas de esas. Esto es un asunto económico. Con petróleo de por medio, como en todas las guerras modernas. Nada más.

http://elchistedemel.blogspot.com.es

Concordatando

Parece ser que (¡por fin!) el PSOE va a plantear (en forma de proposición no de ley) romper el Concordato con la Iglesia Católica. Como suele pasar en estos casos, las reacciones son polares*. En este caso lo curioso es que ni siquiera los que están a favor de esta medida están contentos. Veamos…

Podemos obviar aquellos católicos que no quieren perder su status quo (¿quién querría perder, aunque fuese una pizca, poder?), y que no sorprenden, por tanto, en sus críticas. Discrepo profundamente de ellas. No, como me dirán, porque soy un malvado rojo ateo que quiere quemar Iglesias y que olvida la labor que hace Caritas (argumentos de manual). Simplemente quiero un estado laico, es decir “Independiente de cualquier organización o confesión religiosa”. Las creencias, sean mayoritarias o minoritarias, son personales. Eso no quita para que, en semanas como esta, quien quiera salga a la calle a manifestar su fervor y su fe. Me parece perfecto. Pero son cosas que no tienen relación.

Más significativo me parece aquellos que, estando de acuerdo con la ruptura, se muestran críticos con el PSOE. El argumento: después de 7 años de Gobierno lo piden ahora. Y tienen razón. El mismo Rubalcaba estaba sentando en esos Consejos de Ministros donde nadie propuso esto. El problema es ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo debemos criticar a Rubalcaba y al PSOE haber hecho, o no, ciertas cosas? Es decir, cuestiones nominales a parte, el PSOE pagó un alto precio en las urnas por su gestión. De ahí, todos lo dijimos, tenían que leer un mensaje, aprender y cambiar. A muchos nos gustaría que esos cambios fueran mayores y más rápidos, pero eso no legitima para criticar aquellos pasos que se dan en la dirección adecuada.

Con el concordato tenemos uno de esos cambios. ¿Tarde? Sí. ¿Necesario? También. ¿Tiene marcha atrás posible? Yo creo que no. Cuando el PSOE vuelva a gobernar (que volverá, aunque vaya usted a saber cuando) tendrá que asumir este compromiso (que ya venía del Congreso donde se eligió a Rubalcaba). Está claro que el PP no lo va a aprobar.

Deberían en Ferraz plantearse seriamente los motivos por los que una medida muy de izquierdas ha sido recogido con más pañuelos que con aplausos. Aquí, seguramente, no valen las encuestas para saber si la medida gusta o no. Como (casi) todo en política, importan más las sensaciones y los sentimientos. Ahí radica el problema.

* Aunque la RAE reconozca “Bipolar”, por la definición de Polo (“Cada uno de los dos puntos opuestos de un cuerpo”), no puede existir algo monopolar o tripolar.

Congresos, enmiendas y periódicos

Desde que se inició el proceso de cara al 38º Congreso del PSOE me he mantenido relativamente al margen de todo lo que ha ido pasando, salvo algunos comentarios puntuales en twitter y facebook y aquel manifiesto por la Agrupación 2.0. No he realizado enmiendas a los documentos, no he ido a mi agrupación a votar a ninguna lista, no he estado en ningún congresillo… nada. He sido, más que un militante, un ciudadano de a pie cualquiera (por increíble que parezca, sí, es posible.)

Desde mi lejanía (y mi apatía hacia ambos candidatos) he podido observar como muchos compañeros se han ido posicionando por uno o por otro, he podido ver como algunos de ellos se criticaban por esas posiciones y he podido comprobar como los fanboys no tienen ni una pizca de vergüenza para defender cualquier cosa que haga su ¡oh amado! líder, aunque estemos hablando de delitos.

Mientras esto pasaba, todo el mundo decía que había que debatir. Y espero que haya sido así, pero no es eso lo que ha llegado.  Tampoco aquellos que se han molestado en analizar a Chacón y Rubalcaba han encontrado algo más que los lugares comunes donde habita el socialismo clásico. Queda claro que ninguno de los candidatos es un cambio real en el PSOE cuando parece claro que es un cambio lo que necesita el PSOE.

Suelo recordar a aquellos que dicen que es un partido centenario que River Plate también lo es, y no por ello se libró de bajar a segunda. Hay que hacer las cosas bien. ¿Quiero decir que con cualquiera de estos dos candidatos va el PSOE a bajar a segunda? No. O no obligatoriamente. Pero nada está garantizado. Nada.

Y una de las cosas que me gustarían que se cambiase es esa enfermedad por lo que digan los periódicos (especialmente ElPaís) del partido. Parece que hemos olvidado que es una empresa, con sus intereses, con sus apuestas, con sus deudas y sus favores. ¿Quiero decir que es mentira lo que dicen de Chacón? No. Tampoco es que sea verdad. Es una versión (lamentable, a mi juicio) de una historia mucho más larga. Y son las historias las que nos deben importar, no las versiones.

Acostumbrados a los detalles, nos centramos en apoyar a Rubalcaba porque no es catalán o Chacón porque a feminista no me gana nadie. Votar (o no hacerlo) a una persona por haber nacido en un lugar y con algo entre las piernas demuestra que esto de la democracia es un juego al que le quedan por pulir demasiadas piezas. Al menos, eso sí,  es nuestro juego.

El cambio. Ese deseo, ese anhelo, ese lema recurrente… El cambio tranquilo o el cambio radical (perdón por la broma). Ese es el dilema.

Ultimátum al PSOE

Así. Sin más. El Congreso que el PSOE celebrará en febrero será la última oportunidad que le de.

Los que os pasáis de vez en cuando por aquí sabéis que llevo 8 años militando (6 de ellos muy activamente) en Juventudes Socialistas y en el PSOE. Sin embargo, no he compartido muchas de las cosas que ha hecho el gobierno. A veces he callado y otras no. Ni siquiera he usado este espacio para hacer campaña electoral… No se trata, como algunos puedan pensar, de las decisiones de Zapatero. Sé distinguir perfectamente entre Gobierno y partido (aunque sé que para el ciudadano no metido en política esta diferencia no es fácil).

Son las decisiones del partido las que me preocupan. Es el hecho de no haber reaccionado cuando todo pintaba mal antes de las autonómicas. Es el hecho de no haber abierto la boca, de no haber actuado, de no haber contestado… Es el hecho de que el 15M nos pillase con el pie cambiado y nadie levantase la voz ante lo que la policía hizo. Es el hecho de que tras el 22M no cambiásemos nada. Y no, no es Rubalcaba el problema. Ni la solución.

Este es un ultimátum sin condiciones concretas, para lo bueno y para lo malo. Quiero un cambio. Un cambio profundo en el partido. No impongo que el Secretario General deba ser o no determinado candidato. O que tal párrafo de los estatutos deba desaparecer o incorporarse. No me importa tanto el hecho de que las medidas que se tomen sean mejores o peores como el hecho en sí de que se tomen. Que entendamos de una puta vez que debemos cambiar o que nos vamos a la mierda.

O es así, o será sin mi.

La reforma de la Ley Electoral

Como este es un blog serio, voy a hablar de lo que le preocupa a todo el mundo ¿el paro? No, por favor… La reforma de la Ley Electoral (Y no Ley D´Hont como se repite una y otra vez)

Porque ese parece ser el mayor problema de nuestra democracia. No el hecho de que los ciudadanos no podamos decidir en más cosas, o pedir cuentas a un diputado en concreto, o generar mecanismos más ágiles y rápidos para llevar una ILP al Congreso. No sé, esas cosas que forman la democracia del día a día, que es, al menos a mí, la que más me importa.

Pero vamos a ello ¿cómo funciona nuestra ley electoral? Básicamente el procedimiento es el siguiente: según su población, cada provincia elige a una serie de diputados. Para evitar que las provincias más pequeñas no tuviesen representación, se puso un mínimo (actualmente en dos, pero podría ser uno) de diputados. Por aquí vienen luego esos comentarios de “un voto en Ávila vale más que uno en Madrid”… ¿tiene esto sentido? Bueno, en teoría, la cámara de representación territorial es el Senado, por lo que parece que no. Pero el Senado, en realidad, no tienen unas grandes competencias legislativas (por ser generoso), por lo que en la práctica sí lo tiene. ¿Tiene pues, sentido el Senado? Pues esa es la pregunta del millón. Sin grandes competencias propias y con un Estado de las Autonomías bastante descentralizado, la verdad, creo que no.

¿La ley favorece a los nacionalistas y perjudica a los pequeños? En realidad no. Por ejemplo, con circunscripción única, CiU pasaría de 16 a 15 y Amaiur de 7 a 5. Vemos que la sobrerrepresentación no es brutal. Los pequeños sí que ganarían más escaños, ya que todos sus votos se traducirían en votos útiles (perdón por la expresión).  Pero esto es un cuento a posteriori. Es decir, el problema de IU, UPyD, Equo… es que tienen el voto muy repartido. Su verdadero problema es no tener 3 millones de votos para sacar diputado en casi todas las provincias o esos 200.000 en una. Las campañas electorales están, también, para estas cosas. Pero la Ley no se hizo (como algún burro ha dicho) contra ellos. Es un efecto que tiene, sí, pero no hay “intención” en ello. Sí que tenía intención de que el Congreso no tuviese demasiados partidos políticos, de tal manera que fuera relativamente fácil llegar a acuerdos para gobernar. Hoy por hoy parece que eso ya lo hemos asumido y superado. Pero hay que ser consciente de que podría suponer que el gobierno tuviese que pactar con muchos partidos a la vez. Y el problema no es el debate, siempre sano, sino que, al final, las cosas han de poder llevarse a cabo.

¿Cuál sería mi modelo ideal? Yo apostaría por un Senado mucho más fuerte, que no cerrase nunca, y cuya elección de senadores se celebrase junto a las elecciones autonómicas (en parte, ya se hace, puesto que las Cámaras Autonómicas eligen senadores), con competencias territoriales claras y definidas. Y mientras, en el Congreso, una única circunscripción. ¡Ojo! Una cosa sin la otra no tiene sentido.

¿Qué haría yo? Ya que una reforma de este estilo implicaría un acuerdo entre los partidos que, hoy por hoy, parece imposible, yo propondría (no soy nada original, lo sé) ampliar el Congreso de los Diputados de 350 a 400 (lo permite la ley) y eso 50 diputados extras que vayan por circunscripción única. Eso corregiría bastante las desviaciones actuales.

Eso sí, mientras cambiamos esto, ¿qué tal si pensamos en la democracia como en algo más que esto?