Personajes no tan ilustres

Publicaba hace unos días El Cultural una entrevista al soberbio escritor, en el sentido peyorativo de la palabra, Arturo Pérez Reverte. Nos descubrió el autor que vivimos en un país de ignorantes. De orgullosos ignorantes, incluso. Ninguno de nosotros ha leído tanto como él. Y, claro, ninguno de nosotros puede, como él si hace, saber que el pasado nuestro nos condicionó en pasados más cercanos, en el presente y nos condicionará en el futuro. Lo que no me quedó claro, yo que todavía no he leído tanto y tan bien como el señor escritor, y que por tanto no he entendido esta historia de hijos de puta (son palabras suyas) españoles, si buscaba una secuencia lógica en la historia o si estaba usando la historia como tapadera a los crímenes individuales o colectivos.

Y en esta España de ignorantes, apareció en escena ayer Willy Toledo. El actor, firme defensor de los derechos de los subsaharianos, afirmó que los presos en huelga de hambre de la revolucionaria (la única revolución lenta que se conoce) isla cubana no eran más que delicuentes comunes y terroristas. Y que se merecían, por tanto, estar en la cárcel. Yo, que no he viajado a Cuba ni he leído tanto como otros, solo soy un pobre ignorante español que sigue pensando que una dictadura, por muy socialista, caribeña y tranquila que nos quieran vender sigue siendo una dictadura.

Y para rizar el rizo, completamos la noche con Cristina Cifuentes, Vicepresidenta de la Asamblea de Madrid, que anoche dijo en twitter:

«Willy Toledo, ¿Por que no te marchas a vivir a Cuba? Pero no vuelvas, así nos libramos de ver tus bodrios televisivos»

Todo un alarde democrático de una representante del pueblo: Escuchar al ciudadano y respetar las opiniones contrarias. Pobres ignorantes ignorantes nosotros, aquellos que pensábamos en la separación, no de poderes en este caso, sino de argumentos. Ignorantes que creíamos que los políticos que nos representan eran capaces de contestar los argumentos políticos con argumentos políticos y no con pataletas propias de colegiales. Ignorantes que creíamos que los tiempos del exilio habían acabado. Ignorantes que pensábamos que, al mostrarle la estupidez de siempre (palabras de Reverte), Cristina se comportaría como una española reverteriana, con su generosidad, su capacidad de olvidar y de perdonar, de empezar de nuevo. Y sin emabrgo se mostró enrocada en su argumento.

«@elcarty Pero bueno, ahora resulta que no voy a poder opinar sobre el trabajo de un actor? Que pasa, que tienen «bula»?»

Será que yo, efectivamente, soy un ignorante… Y la literatura arrogancia, y el cine una tragicomedia y la política un esperpento. Por si acaso, mientras tanto, seguiré leyendo.

Somos unos gañanes

Somos un país de gañanes. Vamos a empezar a reconocerlo. Mirarnos en el espejo de Europa está bien. Quedar a cenar con Mr Obama también. Pero no somos lo mismo. Somos otra cosa. Otra cosa peor.

Nos reímos de los trajes manchados de Clinton o de la ausencia de ellos de Berlusconi en su Villa Cerdosa (¿o no era así?) pero nos parece muy digno que un alto político mienta sobre el  pago o no de los suyos.

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos en los documentales de La 2 como preparan platos con gatos o perros en lejanos países pero nos ponemos el traje del domingo para ver como se mata, poco a poco, a un toro. Y encima se nos llena la boca con frases tan bien preparadas como: «si no hay corridas, no existiría esta raza».

Nos enviamos una y otra vez preciosos power point con música de Celine Dion sobre lo malos que son los japoneses, o los daneses, o los canadienses, porque matan ballenas o focas o osos polares o alguno de esos animales que solo vemos en nuestro ordenador. Y cuando lo apagamos, bajamos a la plaza del pueblo a matar al gallo, o a la cabra. Y lo celebramos, por supuesto.

Y mientras nos reímos de nuestros vecinos pequeños, los portugueses, por vete tú a saber qué razón, somos el país europeo que peor habla inglés.

Se nos lleva la boca con la palabra democracia cuando hablamos de España, pero mientras Merkel pide perdón, 70 años después, a los judíos, por lo que hizo el pueblo alemán, aquí nos peleamos para que mi calle siga poniendo General XXXXX y en la plaza haya una estatua del Generalísimo.

Y claro, Belén Esteban, reina de los gañanes, la cara que más sale en nuestra televisión.

¡Bendito país de gañanes el nuestro!