El gran ombligo de Occidente

Mientras más abajo de nuestras miradas el mundo vive una revolución, los europeos (o casi mejor dicho, los occidentales) seguimos a lo nuestro. Después de unos siglos de haber saqueado todo lo que hemos podido (y un poco más) nos hemos tirado décadas mirando para otro lado, tratando de presidentes a dictadores, sin poner un solo pero, recibiéndoles con nuestro mejor vino (sí, porque beben, aunque a algunos se lo prohíba su religión) y nuestro mejor comida (¿jamón? seguro). Y no se nos ha caído ningún anillo. Somos así.

Y ahora, lejos de hacer algo útil (aunque casi mejor no hacer nada, la verdad…) no se nos ocurre otra cosa que hacer comparaciones con mayo del 68 y el muro de Berlín. ¿De verdad es necesario? ¿De verdad la historia mundial debe regirse por nuestros parámetros? ¿Debemos quitarles hasta la importancia nominal?

Afortunadamente el mundo avanza. Poco a poco y con muchos dictadores (a los que aún llamamos presidentes) con sus culos bien calientes. Pero avanza, a pesar de Europa que mira contemplando, como se mira al sobrino que se ha descarriado de nuestro camino pero le reímos la gracia.

Un comentario sobre “El gran ombligo de Occidente”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *