¿Cómo luchar contra el terrorismo?

La muerte El Asesinato La operación militar que acabó con la vida de Bin Laden reabre de nuevo el debate sobre cómo debemos luchar contra el terrorismo. Durante este fin de semana hemos visto reacciones de todo tipo: desde las fiestas que veíamos en Nueva York, hasta la comparación por parte de algunos con la pena de muerte, pasando por aquellos sinvergüenzas desalmados que aprovechan para abrir la puerta a sus fantasmas del 11M.

Foto de sacbee.com

¿Existe un punto intermedio? No entiendo que nadie se alegre (alegrarse tanto como para hacer una fiesta) por la muerte de nadie. Pero tampoco entiendo a quienes comparan esta acción militar con la pena de muerte (¡ojo! en la pena de muerte, aunque esté en contra de ella, hay un juicio previo. Al menos en países como EEUU, que al fin y al cabo es a quien estamos juzgando). Y es que tal y como se ha dicho, Obama, EEUU, quería a Bin Laden vivo. ¿Por qué es verdad? Porque si no, hubieran bombardeado la casa sin poner en peligro la vida de ciudadanos americanos (ya sabemos que un ciudadanos americano vale por unos 1000 de los otros). Pero estas operaciones son peligrosas (como lo son cuando la Guardia Civil o la Gendarmería ponen un control en la carretera o entran en un piso franco) y casi siempre acaban a tiros. Y ya sabemos que donde hay tiros hay sangre.

A mi también me hubiera gustado más que Bin Laden acabase ante el Tribunal de la Haya, pero ¿cómo se hace eso? ¿Hay alguien que tenga una fórmula mágica para detener a los malos malísimos sin que muera nadie a su alrededor y sin que sufran ningún daño los polícias/militares? ¿Hubiera sido mejor que Bin Laden siguiese vivo, en su casa, mandando/liderando una organización terrorista que ha matado miles de personas?

Quizá no hayas entendido nada de este post. Yo tampoco entiendo el mundo donde vivímos.

Y Obama dejó de soñar

Han sido meses largos, duros y complicados los de Barack Obama. Había quien esperaba de él la llegada poco menos que de un Mesías. Alguien que salvaría el planeta USA (que para pocos americanos hay más planeta fuera de sus fronteras). Obama lo sabía, por eso ya lo avisó en su primer discurso.

Desde Europa vimos con entusiasmo los cambios en política exterior. Su discurso en El Cairo sonó a uno de esos que estudiarán las futuras generaciones. Estaba claro el cambio. Pero todavía allí le acusaban de tener solo buenas palabras.

Y está claro que en política las palabras son importantes. Los discursos políticos, repetidos una y otra vez, pueden llevar a una población a un estado de optimismo, de depresión, de xenofobia… Pero incluso mejor que las palabras son los hechos. Por eso Obama estaba necesitado de una victoria como la de ayer. Algo que le reafirmase en su política local. La Reforma Sanitaria era uno de los ejes de su legislatura y, por fin, lo ha conseguido. Cuando entre en vigor unos 30 millones de ciudadanos (como 3/4 partes de España) se beneficiarán de un sistema de salud más justo. No es un sistema perfecto, seguro. Pero corrige muchos de los errores que el ansia capitalista quiso trasladar a algo que no debe ser un negocio: la salud.

Y aunque la comparación suene exagerada, es justo lo contrario de lo que pasa en Madrid. Sí, afortunadamente las cosas no son iguales. Pero la tendencia de EEUU choca contra la tendencia privatizadora de Aguirre y el ya dimisionario Güemes.