Dona tu prima

Con motivo de la Eurocopa de fútbol, se puso en marcha en Change.org una petición para que los futbolistas donasen su prima para fines sociales. Los argumentos que se entremezclan en al petición van desde un “ya ganáis mucho” hasta algo que se aproxima a un insulto: Estoy seguro que […] son conscientes de la grave situación económica que atraviesa el país.

Dado que la prima económica de 300.000€ no es una cantidad tan elevada, comparada con algunos de sus sueldos, les pido que donen estas primas para fines sociales

La petición convierte esta donación en algo que deja de ser voluntario (es lo bonito de las donaciones, porque cuando hay presión ya es otra cosa) para ser más parecido a un impuesto. Un impuesto que los futbolistas deben pagar (eso sí, con libertad para darlo a la ONG que quieran, faltaba más) por españolía (Me gustaría poder celebrar el título de la Eurocopa entonando el “Yo soy Español, Español, Español” pensando en la figura de un español preocupado, comprometido y solidario) como si ellos fueran los culpables de la situación de nuestro país. Como si ellos hubieran destrozado Cajas de Ahorros y hubiera votado en masa a partidos políticos corruptos, como si esos 23 jugadores fueran los que se sientan en el Consejo de Ministros a decidir recortar sanidad y educación…

No se dice en un sólo momento de la carta que estos jugadores han estado disputando este torneo en lo que sería su tiempo de vacaciones, concentrados en un país extranjero, sin poder ver, hasta el último día, a su familia. Tampoco que su vida profesional es muy corta y que, si bien van a ganar mucho más dinero en esos 10-15 años que el resto de nosotros, tampoco se van a poner a la altura de los Emilio Botín o Amancio Ortega.

Se obvia, también en la carta, las asociaciones y ONGs con las que ya trabajan muchos de estos jugadores. Esos partidos que organizan en sus días libres para recaudar dinero. Esas campañas a las que dan su imagen para recaudar más fondos. Se obvia, por tanto, que hay muchas más formas de ser solidario durante el año que el hecho de donar o no esta prima…

Y como yo también creo que hay más formas de ser solidario, he echado mano de la calculadora. Las primas que van a cobrar los jugadores son:

23 jugadores x 300.000 euros/jugador = 6.900.000 euros

Pide que donen sus primas a Fines Sociales

Mientras escribo esto han firmado ya 109.351 personas. ¿Podrían cubrir todas estas personas la misma cantidad que las primas de los futbolistas?

6.900.000 euros / 109.351 personas = 63 euros/persona

Es decir, que si cada firmante aporta 63 euros, se habría juntado la misma cantidad de dinero. Es verdad que soltar más de 60 euros de golpe puede suponer un esfuerzo en muchas casas, pero sí es mucho más asequible hacerse socio de una ONG y dar 5 euros mensuales (12 meses x 5 euros/mes = 60 euros en un año)

Pide a los firmantes de Change.org que donen 5 euros mensuales a Fines Sociales

España se rompe… por Madrid

Estar de vacaciones debería servir, además de para descansar, para desconectar. Incluso más esto segundo que lo primero. Pero la crisis (siempre hay que achacarlo a la crisis, que es gratis) no me ha llevado al caribe y he tenido la suerte (aún no sé si buena o mala) de estar medianamente informado de lo que sucede en el mundo.

Y en esta parte del mundo que es España, mientras yo me bañaba en una playa del mar cantábrico, alguien criticó a la precandidata del PSM por tener acento andaluz, al tiempo que un ex-presidente se ponía el traje de salvador de la patria para viajar a Melilla. No sé qué habrá hecho allí, porque eso no lo han dicho las noticias (o entre playa y siesta yo no me enteré). Seguramente sus superpoderes habrán salvado esa tierra solo con tocarla. Como la kriptonita con Superman, pero al revés.

El caso es que observando el panorama empiezo a entender lo que dice el PP: España se rompe. Sí señores. Se rompe. Poco a poco, pero lo hace. El problema es que se rompe al revés de lo que ellos dicen. No se rompe por Cataluña o por Euskadi. Ni siquiera por Melilla. Se rompe por Madrid, ciudad donde viven estos señores de amplios ombligos y ojos cerrados que olvidan que más haya de esta capital multicultural (muy a su pesar) está esa España tan diferente y tan rica de norte a sur, de este a oeste.

Personajes no tan ilustres

Publicaba hace unos días El Cultural una entrevista al soberbio escritor, en el sentido peyorativo de la palabra, Arturo Pérez Reverte. Nos descubrió el autor que vivimos en un país de ignorantes. De orgullosos ignorantes, incluso. Ninguno de nosotros ha leído tanto como él. Y, claro, ninguno de nosotros puede, como él si hace, saber que el pasado nuestro nos condicionó en pasados más cercanos, en el presente y nos condicionará en el futuro. Lo que no me quedó claro, yo que todavía no he leído tanto y tan bien como el señor escritor, y que por tanto no he entendido esta historia de hijos de puta (son palabras suyas) españoles, si buscaba una secuencia lógica en la historia o si estaba usando la historia como tapadera a los crímenes individuales o colectivos.

Y en esta España de ignorantes, apareció en escena ayer Willy Toledo. El actor, firme defensor de los derechos de los subsaharianos, afirmó que los presos en huelga de hambre de la revolucionaria (la única revolución lenta que se conoce) isla cubana no eran más que delicuentes comunes y terroristas. Y que se merecían, por tanto, estar en la cárcel. Yo, que no he viajado a Cuba ni he leído tanto como otros, solo soy un pobre ignorante español que sigue pensando que una dictadura, por muy socialista, caribeña y tranquila que nos quieran vender sigue siendo una dictadura.

Y para rizar el rizo, completamos la noche con Cristina Cifuentes, Vicepresidenta de la Asamblea de Madrid, que anoche dijo en twitter:

“Willy Toledo, ¿Por que no te marchas a vivir a Cuba? Pero no vuelvas, así nos libramos de ver tus bodrios televisivos”

Todo un alarde democrático de una representante del pueblo: Escuchar al ciudadano y respetar las opiniones contrarias. Pobres ignorantes ignorantes nosotros, aquellos que pensábamos en la separación, no de poderes en este caso, sino de argumentos. Ignorantes que creíamos que los políticos que nos representan eran capaces de contestar los argumentos políticos con argumentos políticos y no con pataletas propias de colegiales. Ignorantes que creíamos que los tiempos del exilio habían acabado. Ignorantes que pensábamos que, al mostrarle la estupidez de siempre (palabras de Reverte), Cristina se comportaría como una española reverteriana, con su generosidad, su capacidad de olvidar y de perdonar, de empezar de nuevo. Y sin emabrgo se mostró enrocada en su argumento.

“@elcarty Pero bueno, ahora resulta que no voy a poder opinar sobre el trabajo de un actor? Que pasa, que tienen “bula”?”

Será que yo, efectivamente, soy un ignorante… Y la literatura arrogancia, y el cine una tragicomedia y la política un esperpento. Por si acaso, mientras tanto, seguiré leyendo.

Somos unos gañanes

Somos un país de gañanes. Vamos a empezar a reconocerlo. Mirarnos en el espejo de Europa está bien. Quedar a cenar con Mr Obama también. Pero no somos lo mismo. Somos otra cosa. Otra cosa peor.

Nos reímos de los trajes manchados de Clinton o de la ausencia de ellos de Berlusconi en su Villa Cerdosa (¿o no era así?) pero nos parece muy digno que un alto político mienta sobre el  pago o no de los suyos.

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos en los documentales de La 2 como preparan platos con gatos o perros en lejanos países pero nos ponemos el traje del domingo para ver como se mata, poco a poco, a un toro. Y encima se nos llena la boca con frases tan bien preparadas como: “si no hay corridas, no existiría esta raza”.

Nos enviamos una y otra vez preciosos power point con música de Celine Dion sobre lo malos que son los japoneses, o los daneses, o los canadienses, porque matan ballenas o focas o osos polares o alguno de esos animales que solo vemos en nuestro ordenador. Y cuando lo apagamos, bajamos a la plaza del pueblo a matar al gallo, o a la cabra. Y lo celebramos, por supuesto.

Y mientras nos reímos de nuestros vecinos pequeños, los portugueses, por vete tú a saber qué razón, somos el país europeo que peor habla inglés.

Se nos lleva la boca con la palabra democracia cuando hablamos de España, pero mientras Merkel pide perdón, 70 años después, a los judíos, por lo que hizo el pueblo alemán, aquí nos peleamos para que mi calle siga poniendo General XXXXX y en la plaza haya una estatua del Generalísimo.

Y claro, Belén Esteban, reina de los gañanes, la cara que más sale en nuestra televisión.

¡Bendito país de gañanes el nuestro!