Tú lo sabes

Está dentro de ti. Quizá no siempre lo has sabido, pero la realidad es que hace mucho que sí. Sabes que de pequeño, en el colegio, no eras quien destacaba. Ni siquiera en el instituto, donde ya uno podía ver muchas almas perdidas.  Tampoco de mayor has dado el salto que muchos esperaban. En el fondo, todo eso lo sabes, aunque nunca lo digas.

Está dentro de ti, y tú lo sabes. Quizá te quieras engañar y te tapes los oídos y te vendes los ojos. Pero aún así lo oyes y lo ves, porque lo que está dentro siempre es visible. Para ti, y prácticamente siempre para el que de verdad está a tu lado. Y cuando uno ha visto empieza a saber. Y tal vez a creer.

Esta dentro de ti, así que no disimules que no lo sabes. Actúa, muévete o renuncia, si no lo deseas de verdad. Pero no busques culpables donde no existen.

No hay peor cosa que engañarse a uno mismo. Nadie mejor que tu sabe cómo eres y de qué eres capaz.

Preguntas autoestúpidas

Con esto que se ha puesto tan de moda de contar con nuestra participación en todo lo que pasa en el mundo, el peridosimo (perdón) ha inventando un nuevo género. Como nadie (creo) le ha puesto nombre, me voy a inventar yo uno:  las pregunta autoestúpidas.

¿Qué son las preguntas autoestúpidas? Aquellas que, si no tienes una tara mental, no tienes opción de responder de otra manera. Por ejemplo: ¿le gusta que la edad de jubilación suba a 67 años? Pues hombre, gustar gustar no… ¿quién podría darle a sí? Nadie. La pregunta correcta hubiera sido ¿está de acuerdo con la medida de aumentar la edad de jubilación hasta los 67 años? Aunque a alguien no le guste la medida, puede estar de acuerdo con ella.

Otro ejemplo de lo que sería una pregunta autoestúpida: ¿Le parece bien que España tenga una tasa de paro por encima del 20%? en lugar de preguntar algo tipo ¿Cree que los políticos hacen todo lo posible para luchar contra el paro?

Son muchos los medios que se han sumado a estas autoestúpidas preguntas, pero si quieren ver dos expertos en este material, estén atentos a las preguntas que lanzan en el telediario de mediodía de A3 (no sé si a otras horas, es el único que veo, muy a mi pesar) y a La Noria.

A más leer menos escribir

Quizá sean sensaciones o quizá sea tan solo una racha. Pero últimamente me cuesta más escribir. Y no creo que sea porque me faltan cosas que decir. O sí. Sí tengo cosas que decir, pero a medida que voy leyendo en periódicos, columnas, blogs favoritos, enlaces que pillo por twitter… voy pensando “ya lo han dicho todo”.

A lo mejor debería escribir a primera hora, con la mete “fresca” y sin ningún condicionante. A esta hora de la mañana (y a medida que avanza el día es peor) pienso que todas mis ideas no son mías, que son sólo un plagio. En realidad todas las ideas son un plagio, pero no es lo mismo cuando escribes sobre algo que has oído hace tiempo, cogiendo de aquí y de allá, mezclando con lo estudiado. No es lo mismo. Y quizá da igual, porque nadie sabe de donde he tomado cada idea, pero a mi no me da igual. Y aunque exista gente a la que esto le parezca raro, escribo por mí, no para mi ego.

Aunque supongo que no muchos sepan notar la diferencia…

¿Qué contar?

Que vivimos tiempos complicados (¿algún momento de la historia se puede considerar que no lo ha sido?) es una obviedad. Vemos como hay demasiada gente sin empleo y demasiada sin ganas siquiera de tenerlo, países rescatados por rescatar a los que nos prestaron el dinero de las casas que ya no podemos pagar, periódicos que llevan demasiado tiempo hundiéndose y que ya no disimulan sus preferencias políticas, a fin de arañar algún voto (porque ya no leemos información, solo lo que nos interesa) y todo esto mezclado y agitado con unas nuevas tecnologías que nos permiten conocer lo que pasa a miles de kilómetros en el mismo preciso momento en que suceden.

El mundo cambia y los cambios nunca son fáciles. Los seres humanos somos costumbristas por naturaleza y, salvo raras excepciones, no hacemos más que aportar pequeñas variaciones a las que llamamos, más o menos, progreso. Pequeñas variaciones que suponen que algo sea un poco más rápido, un poco más grande (o más pequeño) o simplemente un poco diferente. Pero parece que el mundo se ha vuelto loco durante el último cuarto de hora y ni siquiera podamos entender las manecillas del reloj.

Y ante este panorama ¿qué contar? ¿Existen de verdad certezas a las que aferrarse o más bien nos aferramos para que así se conviertan en certezas? ¿Quién sabe de verdad que pasará mañana con nosotros? ¿De qué sirve este blog o aquel otro, o esa tertulia o ese debate? ¿Servimos, de un modo práctico, real, tangible y útil a alguien? No lo sé. Quiero pensar que sí (me aferro a ese clavo para convertirlo en certeza) y por eso escribo por aquí, de vez en cuando, aunque no sean tantos los que leen y menos los que comentan de vuelta.

Equivocando conceptos

Vivimos tiempos confusos. Tiempos en los que confundimos la libertad de quejarse con el respeto a los muertos. Días en los que ser un maleducado mola, porque todo el mundo es políticamente correcto y, claro, hay que destacar, aunque sea con exabruptos perfectamente escritos. Situaciones en las que se puede llamar comepollas a una ministra y su jefe le muestra su apoyo en lugar de su crítica (no vayamos a hablar de cese…). Momentos en los que un periodista (o lo que sea) presume de haberse follado a dos niñas, y eso se publica, y aquí no pasa nada.

A todo esto le suelen llamar Libertad de Expresión, habitualmente los mismos. Generalmente suponiendo que meter la palabra “libertad” en un debate te da automáticamente la razón. Dando por sentado que la educación y el respeto a los demás (a los mencionados y a los oyentes) no pueden ni deben tenerse en cuenta. Lo importante es que “YO cuente lo que me salga de las pelotas, que para eso las tengo”, obviando que se habla con la boca y se piensa, preferiblemente, con la cabeza.

Y a mi, que me parece que esto tiene poco de libertad y absolutamente nada de expresión, se me hiela la sangre al pensar que medio país defienda estas actitudes.

¿Cuánto empleo destruye un burka?

Desde hace ya tiempo, más o menos año y medio, el Partido Popular ha machado al Gobierno con una única cantinela: Hay que generar empleo. Es cierto que, con la crisis, los datos del paro han sido hasta hace unos meses malos o muy malos. Pero, más o menos en la línea de lo que decía en este post siempre hay algo peor, Mariano Rajoy se ha dedicado a criticar, además, todas las acciones de Gobierno argumentando que la única prioridad era reducir el paro. Así, una de las muchas críticas que los populares pusieron a la Ley del Aborto fue esa: debatir esto ahora no es una prioridad; o la otra versión de lo mismo: el Gobierno quiere distraernos de sus problemas.

Por eso, y en una línea más o menos consecuente, me gustaría que algún dirigente popular me explicase porque hace unas semanas llevaron al Senado (y hoy se debatirá en el Congreso) una propuesta para prohibir el burka en los espacios públicos. Me gustaría que me dijesen cuantos puestos de trabajo vamos a ganar con esta prohibición. O cómo va a mejorar nuestra economía. Y es que, claro, gracias a ellos sabemos que la única prioridad es y debe ser la creación de empleo. Todo lo demás es distraer al personal.

5 Breves

Castelldefels: Horrible tragedia que podría haberse evitado. Eso es lo triste. Estuviera o no el paso subterráneo cerrado, nunca se deben cruzar las vías. Estamos acostumbrados a ver anuncios de la DGT. No estaría mal que se nos recordase a los peatones ciertas cosas, en nuestro propio beneficio

Sara Carbonero: Poco defensor soy yo de Telecinco, pero la vergüenza con lo que se está diciendo de la periodista no proviene de la cadena, al menos de sus deportes. Sara ya trabajaba en T5 antes de salir con Iker Casillas, quien ya era capitán de la selección. Además, habría que recordar a la Asociación de Periodistas que es la FIFA quien decide donde se ponen los periodistas, no estos mismos, así que Sara Carbonero nada tiene que ver en hablar junto a la portería.

Burka: Seguramente a todos nos parezca normal  que todo el mundo tenga que ser identificado al entrar a un lugar público. Al menos en los vigilados, claro. Seguramente también estemos de acuerdo en carácter machista que conllevan ciertas prácticas, pero la solución no puede ser excluir más a mujeres que ya están excluídas. Mal camino el que llevamos.

McCrhystal: Error de principante el del general estadounidense. Obama ha sabido reaccionar. Nadie puede dejar de respetar la cadena de mando. Solo el ego de quien se cree intocable puede hacerle caer en eso. Y hoy en día nadie es intocable. Todos deberíamos tomar nota, aunque no sea Obama el que tenemos por encima.

Picasso: Se vende una obra (El bebedor de absenta) por más de 42 millones de euros. Inexplicablemente nadie salta a criticarlo (o yo, al menos, no he oído nada). Somos tan clasistas que incluso, entre ricos, hacemos diferencias.


Cualquier tiempo pasado fue… pasado

Ayer, sin ir más lejos, dejó en este blog un comentario Manuel Azaña. Ni más ni menos. Fue en el post Cultura contra la impunidad. Venía a decir, más o menos, que estos no era artistas de verdad. Los de antes (esos que no conoció, por el lógico paso del tiempo) sí que lo eran.

Más allá de la manida táctica de desacreditar lo actual mediante el elogio a lo pasado (lo podemos ver también en cómo, desde la derecha, se lanzan piropos a Felipe González) siempre me ha fascinado lo curioso del juego entre la memoria y los ídolos.

Demasiadas veces nos enfrascamos en hacer rankings, tablas, premios… y así, decidimos qué poeta era más profundo, qué actor interpretaba mejor o cual futbolista tenía más calidad. Perdidos entre debates etéreos, alguno se ha olvidado qué significa sentarme a disfrutar de su arte, de ayer, de hoy y de mañana. Porque el arte, parecen no haberse enterado, es eterno y personal. Y que disfrutar hoy de fulano o mengano no hace peor al anterior. Y que el paso del tiempo, a diferencia del vino, no mejora una obra.

Competitividad personal

Vivimos una época de competición salvaje. Desde que nacemos se nos educa en una sociedad en la que solo vale ser el mejor: el mejor de clase, el mejor jugando al fútbol, el mejor con los amigos, el mejor con las chicas, el mejor de los mejores.

Y no está del todo mal la competitividad. Creo que ayuda a mejorar, a esforzarse un poco más, a avanzar. Pero hay que entenderla bien. El objetivo de ser el mejor no consiste en tener al resto por debajo tuya. Consiste en ser tu el que más alto esté. Es parecido pero no tiene nada que ver.

Pensar en, simplemente, estar cada día más alto no te llevará nunca a pisotear a nadie. Uno mira hacia arriba. Y con esa mirada busca mejorar él. Y si los demás mejoran no pasa nada. Porque lo importante no es cuanta gente tengas por debajo ni cuanta por encima. Lo importante es la altura que alcanzas. Y disfrutar del vuelo.

Productividad en jornadas

Cada día es más común acudir a unas Jornadas de. Allí nos impartirán, seguro, grandes conocimientos sobre el tema, ya sea medioambiente, economía, política… Con un poco de suerte, además de una charla, uno se puede encontrar con un debate. Un debate que puede, incluso, llegar a ser interesante.

Para eso están las jornadas. Y está bien. Para lo que no están es para ser una colección de cargos. No tiene ningún sentido llevar al “Director General de…” si no tiene ni idea de lo que habla. Mucho más útil llevar a quien de verdad curra en eso, al que sabe del tema. Lo mismo no queda tan bien en el cartel, pero es más útil.

Lo mismo pasa con las inauguraciones y presentaciones. No está mal que alguien hable para introducir un poco el tema a tratar, para indicar cómo van a ser las jornadas pero ¿es necesario que hablen 5 personas para decir lo importante que es hablar de medioambiente o economía o política o…? Si estás allí es que ya te interesa ese tema. ¿Es necesario que un señor cuya empresa ha puesto su logo en el cartel me diga que “hemos tenido unas buenas jornadas”?

Señores organizadores de eventos y jornadas: al grano, por favor.